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Mayo 15, 2006

ARTICULO. Actualidad y futuro en el MERCOSUR

En los últimos años las diferencias que mantuvieron en materia comercial y estratégica los principales socios comerciales de la región –Argentina y Brasil–, las discrepancias en los regímenes de inversión y la evolución de las variables macroeconómicas en cada uno de los países han ido debilitando progresivamente al Mercosur. Sí bien han existido negociaciones comerciales que permitieron superar algunos de los conflictos que se presentaban en varios sectores productivos, todavía se observan ciertas fuentes de controversia que distan de haber sido resueltas. En este contexto, resulta importante hacer un repaso de la situación actual del bloque a fin de tratar de comprender que esperar para el futuro.

Uno de los principales debates del momento se refiere al conflicto entre Argentina y Uruguay por la instalación de las plantas papeleras en la ciudad uruguaya de Fray Bentos. Los cortes de rutas fronterizas en el lado argentino (provincia de Entre Ríos), como protesta por el impacto ambiental que implicaría el establecimiento de las fábricas, son para el gobierno uruguayo una violación a las normas del mercado común. El Mercosur –que concretamente desde marzo de 1991 con la firma del Tratado de Asunción es la unión aduanera formada por cuatro países de América del Sur: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y que cuenta, además, con dos países asociados: Bolivia y Chile– garantiza entre otras cosas la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos (capital y trabajo), a través de la eliminación de los derechos aduaneros y restricciones no arancelarias a la circulación de mercaderías.

A raíz de esto las autoridades uruguayas acusan a la Argentina de discriminar, aislar y bloquear a su país y reclaman la intervención del Mercosur para resolver la controversia, ya que en las actuales condiciones el bloque regional, aunque sigue siendo una prioridad estratégica, no les sirve. Además, por los “severos problemas y grandes dificultades” que están encontrando, el presidente uruguayo dijo estar analizando la idea de formar junto a Paraguay –que critica al Mercosur por las trabas comerciales de Argentina y Brasil– un frente común. La situación por la que atraviesa el bloque se torna más delicada sí suma la posibilidad de que en mayo el presidente uruguayo y el de Estados Unidos consideren la firma de un futuro tratado de libre comercio entre ambos países. Uruguay tiene, por aprobación parlamentaria, un tratado de protección de inversiones estadounidenses y este país es el principal destino de sus exportaciones.

A causa de los cortes en los puentes, los retrocesos en el proceso de integración, las negociaciones de los países grandes que excluyen a Paraguay y a Uruguay, las solicitudes de cumbres que no le son respondidas, el bloque se está tornado un problema mas que una solución para el gobierno uruguayo. Para su presidente, el modelo es el de Chile: libre comercio con el Mercosur y ningún otro compromiso con ese bloque, para de esta manera realizar acuerdos comerciales con otros países y alentar las inversiones.

Por su parte, para Argentina y Brasil, un retiro de Uruguay y Paraguay implicaría más que nada un suceso que expondría el fracaso del bloque y no tanto pérdidas de mercados. En cuanto al conflicto, el gobierno argentino tiene intención de realizar una presentación ante el Tribunal Internacional de la Haya, instancia que Uruguay rechaza por considerar que debe resolverse en el ámbito del Mercosur.

Otro punto de discordia son los Mecanismos de Adaptación Competitiva acordados entre los gobiernos de Argentina y Brasil. Se trata de un método que –mediante la fijación de aranceles al ingreso de productos competidores– busca proteger la producción de un país ante la invasión de bienes similares de otro. El problema es que hacía tiempo que Uruguay y Paraguay venían reclamando un sistema de estas características.

De cara al fututo, lo grave de estos episodios es que las discrepancias entre los socios continúan debilitado al Mercosur. Los acuerdos sectoriales proporcionan únicamente una protección temporal, que los empresarios y gobiernos deberían utilizar para mejorar su competitividad y de esta manera lograr resolver los problemas de fondo. Junto a esto los estados deberían participar activamente en la implementación de programas de industrialización. En cuanto al conflicto por las papeleras, lo llamativo es que uno de los objetivos de un proceso de integración regional es interrelacionarse con otras partes del mundo mediante la consolidación de grandes mercados capaces de atraer inversiones de magnitud. El inconveniente en esta caso radica en que una de las mayores inversiones productivas extranjeras en la historia de Uruguay está poniendo un freno al desarrollo del proceso integrador.

Lo claro de todo de esto es que la asociación se está llevando a cabo con fines confrontativos y no se están buscando formas de cooperación que contribuyan al desarrollo conjunto de la región. Y mientras del plano verbal se siga pasando a acciones concretas, el espacio político de unos y otros para retroceder será cada vez menor.