ARTÍCULO. El modelo de desarrollo de América Latina
Por Carlos A. Scarone Delgado, Catedrático de Comercialización. Director de Maestría en Marketing de la Universidad de la República de Montevideo
El título de este trabajo podría sugerir a lectores incautos que se desarrolla la fundamentación del modelo de desarrollo para América Latina. Sin embargo, semejante tentación debemos descartarla, porque excede a la extensión razonable para los aportes en esta página; apenas nos proponemos presentar el problema en forma general, tal como está planteado actualmente a nivel de la academia, y nuestra opinión personal.
En los últimos años, los países agroexportadoras y exportadores de materias primas extractivas y “commodities” se han visto particularmente beneficiados. En efecto, los altos precios que se pagan mundialmente por carne, soja, cobre, petróleo, cereales, etc., han hecho que en especial América Latina, especializada desde siempre en la producción de estos bienes, haya gozado de una bonanza singular y sostenida a lo largo de muchos años, más que en otros períodos anteriores, lo que ha implicado que las tasas de crecimiento de los países de la región hayan experimentado guarismos altos o muy altos, en buena medida anacrónicos con la estructura productiva de los países que los sustentan.
El martes 10 de junio de 2008, CEPAL presentó en su 32ª sesión el documento “La transformación productiva 20 años después. Viejos problemas, nuevas oportunidades”, que no hace más que continuar su reflexión histórica, casi fundacional, sobre cómo pueden los países latinoamericanos crecer con equidad. Las conclusiones allí presentadas suman a las reflexiones sobre el modelo de desarrollo deseable para los países de la región que ha recibido multitud de aportes de economistas de América Latina.
La polémica, como señalamos, no es entonces nueva, pero alcanza ahora características especiales porque la situación económica mundial aporta singularidades. Aquel modelo de especialización en bienes primarios que era tan fácil criticar, luce como el sustento actual del crecimiento de las economías latinoamericanas. De una manera u otra, es tentador pensar que los defensores de la especialización productiva en actividades primarias para América Latina han encontrado confirmación empírica.
Sin embargo, hay varias preguntas relevantes que es necesario contestar, en especial:
a) ¿El crecimiento basado en el modelo de especialización en bienes primarios está destinado a agotarse en el corto plazo?
b) Aún si el agotamiento del modelo no es fácil de atribuirlo al corto o mediano plazo, ¿será una forma razonable de crecimiento aquel que se sustenta en esta modalidad?
La respuesta a la primera pregunta es “quizás no”.
En efecto, los fenómenos que impulsan la demanda de alimentos y materias primas básicas están asociados al surgimiento como nuevas potencias de una serie de países que en un panorama mundial, aseguran una demanda sostenida para una población que mientras por un lado se enriquece, por otro lado genera condiciones para que enormes masas de personas empiecen a despegarse de condiciones de pobreza y de indigencia. Países como China, Rusia, algunos países asiáticos poco articulados antes a los mercados internacionales, modifican el mapa mundial y generan una demanda incesante en forma directa de alimentos y en forma indirecta de otros bienes que una vez cubiertas las necesidades básicas pasan a ser objeto de sus aspiraciones de consumo. Sin duda, también forman parte de esta demanda incrementada los insumos que esta población utiliza en forma incesante para integrarse productivamente al comercio internacional.
Los observadores (como es habitual) no concuerdan sobre la duración de esta demanda creciente de productos básicos, pero el consenso se orienta en el sentido que no es cosa de pocos años. Los más osados, se atreven a decir que es de carácter estructural, ya que a la demanda creciente por alimentos e insumos básicos en forma directa de la población, se adiciona la demanda de insumos agrícolas para el desarrollo de fuentes sustentables de energía alternativas al petróleo, cuya espiral de aumento de precios ha sido impar en el último año.
La segunda pregunta es más sutil y profunda. Tiene dos aristas: una el pensar en el largo plazo y otro la reflexión sobre formas alternativas de crecimiento.
En el largo plazo, puede pensarse legítimamente que las condiciones que generaron estas oportunidades pasarán y que los precios de estos bienes tenderán a deprimirse. Ello puede ser resultado de que la demanda se estabilice pero más probablemente aún de que el patrón de especialización en productos primarios se extenderá a otros países que quizás en buena medida se provean cada vez más autónomamente de dichos bienes.
Pero lo trascendente reside, justamente, en reflexionar sobre las formas alternativas de crecimiento, analizar en qué cuestiones hay que concentrar las energías nacionales, el pensamiento estratégico, para lograr crecimiento sostenido en el largo plazo y sobre bases de equidad. Conviene a este respecto revisar qué ha sucedido en los últimos años, cuáles han sido los países que han crecido más y por qué.
Y es aquí donde distintos análisis con sólida base empírica muestra que los mejores desempeños se han logrado en aquellos países que han transformado en forma radical su estructura productiva, desarrollando la diversificación de sus exportaciones (lejos del eje actual de la especialización en actividades primarias), la innovación y especialización de sus recursos humanos y su mayor y mejor integración a la sociedad de la información y el conocimiento.
Sin duda, una de las claves reside en cómo lograr que la inversión extranjera directa se radique en los países latinoamericanos en primer lugar y en segundo término, que se dedique no a actividades especulativas o de apoyo a actividades primarias sino de alto contenido tecnológico y exportador, compatibles con el crecimiento a largo plazo.
Ese es precisamente quizás el desafío principal de los países de América Latina y el Caribe: lograr conseguir capitales en nivel suficiente y cuya aplicación (usos de fondos) sea articulable con las formas probadas de crecimiento sostenido y con equidad que se pueden observar en la economía mundial. El desafío incluye además algunos otros componentes: burocracias estatales comprometidas con semejantes objetivos y rígidas en la definición de objetivos y políticas coherentes, el combate a la corrupción pública y privada (lo que incluye la transformación de la propia clase política y la transformación de la mano de obra a partir de políticas de capacitación definidas y sostenidas públicamente.
Es notorio, entonces, que si esta es la respuesta a la actual “primarización” de las economías de la región latinoamericana y del Caribe, la respuesta es única pero los mecanismos de implementación necesariamente multidimensionales. No sólo es cosa de saber qué hacer. También hay que ponerse a hacerlo.

