Por Ignacio Jovtis, Responsable de Campañas del Equipo Europeo de Amnistía Internacional de Londres y doctorando en Derecho. Especialidad en Estudios Internacionales de la UPF
Los Acuerdos de Asociación Económica (EPAs, por sus siglas en inglés) representan un cambio fundamental en el enfoque y contenido de las relaciones entre la Unión Europea (UE) y los 77 países de África, Caribe y el Pacífico (ACP); países con los cuales la UE ha mantenido desde 1975 un vínculo especial, tanto en términos comerciales como en asistencia al desarrollo. Este relacionamiento diferenciado tenía su base jurídica en las distintas versiones de la Convención de Lomé (Lomé I, II, III y IV) la que, desde el año 2000, fue reemplazada por el Acuerdo de Cotonou.
Para el 31 de diciembre de 2007, las negociaciones de todos los EPAs deberían haber concluido, fecha a partir de la cual quedarían sin efecto las preferencias comerciales estipuladas en el Anexo V del Acuerdo Cotonou y se suspendería la concesión (waiver) de la OMC que permitía a la UE dar un trato favorable sin contrapartidas a los productos provenientes de los países ACP.
Naturalmente, en la implementación de un régimen de relaciones comerciales recíprocas, los países ACP tienen mucho más en juego que la UE. Sin embargo, la prisa ha corrido del lado europeo que ha hecho muchos esfuerzos para concluir los acuerdos a finales de diciembre, lo que finalmente no ha sido posible. De hecho, el único EPA rubricado hasta el momento, en los términos más o menos previstos, ha sido el negociado con el CARIFORUM –firmado por todos sus miembros, a excepción de Cuba.
Salvo este acuerdo, ningún otro EPA ha sido firmado entre la UE y los demás países ACP, aunque ciertamente sus relaciones han sido trastocadas y no son iguales en todos los casos, como tampoco es idéntico el potencial impacto, tanto positivo como negativo, que supondría para estos últimos países la firma de un acuerdo de estas características. En términos generales, se puede afirmar que a partir de 2008 una segunda etapa de negociaciones se ha iniciado, en la cual se distinguen claramente dos dinámicas negociadoras muy distintas.
Por un lado, se identifica una categoría conformada por la mayoría de los Estados con estatus de ‘Países Menos Desarrollados’ (PMD), que se han acogido al sistema de tratamiento comercial preferencial “Todo Menos Armas” (EBA, por sus siglas en inglés), que les permite el libre acceso a los mercados europeos de todos sus productos (salvo las armas) sin necesidad de reciprocidad en la apertura de sus mercados; esta solución se traduce, en la práctica, en un régimen similar al ofrecido por Cotonou. En este sentido, es razonable presumir que las futuras negociaciones de los EPAs con los PMD serán trabadas y lentas, ya que éstos últimos carecen de incentivo real para impulsar las negociaciones, toda vez que la celebración de un eventual acuerdo supondría principalmente, y a diferencia del régimen comercial actual, la apertura de sus mercados a los productos europeos.
Por otro lado, hubo 35 países ACP que firmaron diversos “Acuerdos Interinos” (Interim Agreements) con la UE. Estos acuerdos comparten tres características fundamentales: a) apuntan a ser compatibles con las normas de la OMC (lo que significa que los países ACP deberán eliminar los aranceles sobre “sustancialmente todas” las importaciones provenientes de la UE en un razonable período de tiempo); b) excluyen y posponen los temas más controvertidos (comercio de servicios, facilitación de las inversiones, compras públicas y propiedad intelectual, entre otros); y c) dejan abierta su negociación durante el 2008.
A diferencia de lo que sucede con los países que se han sometido al régimen EBA, la eventual consecución de EPAs entre la UE y el resto de los países ACP implicaría correcciones sustanciales a las relaciones comerciales actuales, impactando sobre todo en la cuota arancelaria sobre el comercio (importaciones y exportaciones) ya que, entre otras modificaciones, los niveles de aranceles a la exportación serían –al menos al principio- mucho más elevados de los que regían bajo el Acuerdo de Cotonou o, más aún, de los que regirían bajo el régimen del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP). En efecto, durante el 2007, y antes de concretarse los ‘Acuerdos Interinos’, la Comisión Europea ya había hecho algunas estimaciones. Por ejemplo, el 25% de las exportaciones de Gana (€240 millones) enfrentarían aranceles del 27% contra el 0% aplicable bajo Cotonou. Para África Central, la misma aplicación implicaría una pérdida en las exportaciones de €360 millones. Asimismo, países como Kenia y Namibia enfrentarían un incremento arancelario en la mayoría de los productos principales de exportación a la UE. El think tank británico Overseas Development Institute ha estimado que la exportación de carne proveniente de Namibia enfrentaría aranceles equivalentes al 142% en caso de dejar de aplicar el actual régimen de preferencias.
Pero volviendo al período de transición, y en un plano mucho menos especulativo, digamos que los ‘Acuerdos Interinos’ plantean hoy mismo varios interrogantes que afectan esta segunda etapa de negociación. En primer lugar, recordemos que, como su nombre lo indica, los acuerdos alcanzados son temporales; esto significa, en otras palabras, que esta etapa es clave para definir, una vez por todas, el contenido de los EPAs.
Asimismo, hay que decir que los ‘Acuerdos Interinos’ presentan graves desprolijidades e inconsistencias, producto del apuro por concluirlos dentro del plazo estipulado. En este sentido, por ejemplo, el ‘Acuerdo Interino’ firmado con la Comunidad de África del Este (EAC, por sus siglas en inglés), omite sin razón alguna, cualquier referencia respecto al régimen de liberalización de 952 productos (que conforman, a su vez, el 40% de las importaciones de la EAC provenientes de la UE para el período 2004-2006).
Por otro lado, vale la pena mencionar que la velocidad con la que se ha intentado concluir los acuerdos, ha provocado también que las asimetrías de la capacidad negociadora de los interlocutores queden exageradamente en evidencia. Así, por ejemplo, Costa de Marfil ha convenido que eliminará por completo los aranceles sobre el 60% de sus importaciones provenientes de la UE dos años antes que Kenia comience su desarme arancelario.
Si bien solo se trata de algunos ejemplos, puede observarse que las ex colonias de países de Europa tienen mucho en juego. La firma de los EPAs daría claras ganancia para muchos, sobre todo para aquellos 27 países que han firmado ‘Acuerdos Interinos’ y no son PMD. Se ha estimado que la liberalización de aranceles y cuotas se aplicaría sobre el valor equivalente a €1.4 billones de las exportaciones vigentes de estos países con destino a la UE.
No obstante, la implementación de un escenario de liberalización recíproca podría provocar, en muchos países ACP, una abrupta reducción o eliminación de barreras arancelarias a las importaciones, lo que reduciría lógicamente la recaudación tributaria si no se buscan medios alternativos de ingresos; en este sentido, será central el papel que jugarán los diversos instrumentos de asistencia al desarrollo y, especialmente, la asistencia al comercio. Para el África Sub-sahariana, el 40% de sus importaciones proviene de la UE, por lo que la eliminación de las barreras arancelarias a productos europeos tendría un marcado efecto. Así, el Fondo Monetario internacional ha estimado que con la implementación del EPA, Kenia perdería entre el 8% y 12% de sus ingresos tributarios, cifra mayor al presupuesto anual asignado a los programas sanitarios. De igual manera, según un informe de Oxfam Internacional y Make Trade Fair, Gambia y Cabo Verde podrían perder casi el 20% de su recaudación fiscal, mientras que Gana y Senegal sufrirían una reducción de alrededor 11%.
Asimismo, los efectos de las negociaciones han repercutido igualmente en el grado de integración de los distintos bloques regionales conformados por los países ACP, también con resultados dispares. El art. 37.5 del Acuerdo Cotonou reconocía expresamente que en las negociaciones de los EPAs se tendría en cuenta los procesos de integración regional y se fomentaría las iniciativas existentes. Sin embargo, una de las principales preocupaciones respecto a los EPAs, tal y como están planteadas hoy las negociaciones, radica en que la consecución de estos acuerdos podría suponer un obstáculo para la integración regional.
Esto es fundamentalmente por el diseño de las negociaciones: algunos países ACP pertenecientes al mismo bloque regional se encuentran negociando los EPAs en distintos ‘grupos negociadores’ lo que habilitaría, por ejemplo, a que países del mismo proyecto de integración acuerden con la UE aranceles comerciales, reglas de orígenes y programas de liberalización distintos, lo que a su vez, heriría su unión aduanera, contraería el comercio intra-bloque y, en definitiva, desaceleraría la integración regional. En este sentido, conviene mencionar que el EAC es el único bloque regional en el cual todos los países miembros negocian un EPA y han aceptado idéntico programa de liberalización.
De modo que, según hemos apuntado de manera muy sintética, queda claro que el escenario actual es un escenario complejo, dispar, indefinido y sobre todo, muy dinámico. Durante el segundo semestre de 2008 seguramente se definirán muchas de las cuestiones a las que aquí hemos hecho referencia y que, como vimos, son importantes para determinar la suerte y dirección de los EPAs.
Fuentes:
JOVTIS, I., “Economic Partnership Agreements (EPAs): What is at stake?”, Varsovia, Institute of Global Responsibility, diciembre 2007, accessible en http://igo.org.pl/kwartalnik.php