Por Carles Murillo. Director de ORLA-UPF
Externalización, deslocalización, outsourcing, offshoring: ¿de qué estamos hablando?
En los últimos años venimos asistiendo a un fenómeno contrario al propugnado por la organización de la producción basada en las economías de escala. Los procesos de integración vertical de todas las actividades de apoyo a la fabricación en serie han dejado paso a otra forma de organización basada, precisamente, en la estrategia contraria. Se trata ahora en fragmentar la cadena productiva, de tal forma que algunos de los procesos de la misma se encargan a unidades externas a la propia empresa, ya sea desde la perspectiva de su ubicación geográfica, como de la naturaleza de la entidad responsable. Los motivos de este cambio de estrategia hay que buscarlos, fundamentalmente, en la disminución de algunos costes de transacción convencional (transporte, comunicaciones), aunque existen razones estratégicas tan poderosas, o más, que apoyan esta tendencia organizativa.
La contratación de recursos productivos a otras empresas ha permitido acuñar el término outsourcing. Cuando alguna, o toda, la producción se realiza fuera de las fronteras del país, entonces decimos que se produce una situación de offshoring que, a su vez, es fruto de la deslocalización, cuando la lleva a cabo la propia empresa o, por el contrario, se traduce en una situación de offshoring por contratación externa en aquellos casos en los que el proveedor es otra empresa. La deslocalización manteniendo la propiedad no es más que una fragmentación en el ámbito de la propia empresa, fragmentación intraempresa, mientras que la producción que se deja en manos de otras empresas situadas en el exterior es una práctica que reconocemos también como offshoring internacional.
Para algunos autores (como, por ejemplo, Baghwati, 1994) el offshoring se circunscribe a la externalización de los servicios de apoyo a las empresas, mientras que otros, en una consideración más amplia del tema, señalan que offshoring se refiere tanto a la importación de bienes intermedios, por parte de la industria manufacturera, como a los servicios (Amiti y Wei, 2006; Ricart y Agnesse, 2006). Finalmente, en esta misma orientación de la concreción del término, existen autores que se refieren a una forma restringida del offshoring para referirse a las compras de bienes intermedios de la misma rama de actividad, mientas que, en un sentido más laxo, señalan que el offshoring puede suponer también la adquisición de bienes procedentes de otros sectores industriales.
El impulso al offshoring: disminución de costes y estrategia empresarial
La justificación de este cambio en la estrategia empresarial se encuentra disperso en los distintos aspectos relacionados con la disminución de los costes de transacción. En efecto, muchas empresas manufactureras han obtenido importantes beneficios con la aplicación de este tipo de práctica. Las empresas han podido reducir los costes operativos, de administración y gestión, a la vez que han convertido en costes variables algunas partidas consideradas hasta entonces como fijas en la estructura de costes. Sin embargo, no todo son elementos favorables y deseables en el desarraigo de ciertas tareas productivas: existen costes añadidos en el otro lado de la balanza como, por ejemplo, los derivados de la necesidad de recurrir a contratos que garanticen el cumplimiento de los acuerdos establecidos o el riesgo de transmitir parte del conocimiento acumulado en la empresa. Además, con el paso del tiempo, se han producido cambios en los precios de algunos insumos (como, por ejemplo, los recursos informáticos) y servicios (costes de transporte) que han modificado la ecuación resultante.
La empresa que visualiza ganancias en competitividad por el lado del ahorro de costes de transacción se enfrenta, a continuación, con la decisión de cómo materializar la fragmentación de la cadena productiva. Debe decidir entre deslocalizar la producción y dejar en otras manos el control y la propiedad o, alternativamente, desalojar geográficamente hablando la producción pero manteniendo la propiedad de los recursos, realizando inversión directa en el exterior.
Evolución del offshoring
Para medir la evolución del fenómeno se utilizan indicadores basados en la proporción entre los bienes y servicios intermedios importados por una determinada industria y el total de estos mismos bienes y servicios intermedios utilizados por la misma industria. En ocasiones, sin embargo, se utiliza como denominador la producción efectiva y hay que señalar también que suele excluirse de este cálculo el consumo de bienes energéticos. La evolución del offshoring en los Estados Unidos (Tabla 1) muestra el importante crecimiento ocurrido hasta finales del siglo pasado, especialmente en el sector de los servicios, aunque con niveles inferiores siempre a los que presenta la industria manufacturera. Sin embargo, a partir de finales de la década de los 90 y, especialmente, en los últimos años, se produce un estancamiento en el crecimiento o, incluso, un cierto retroceso. En el caso del offshoring en España, los datos corroboran esta misma impresión. El offshoring también ha sido utilizado por las empresas en el sector de los servicios. Investigaciones llevadas a cabo recientemente por estudiosos del tema permiten constatar que el crecimiento de esta forma de organizar la producción de la empresa ha tenido sus años de esplendor y crecimiento pero que, en la actualidad, pasa por una cierta etapa de estancamiento. La evidencia muestra como el ritmo de crecimiento del offshoring en la industria se ha convertido en la actualidad en una disminución de la tendencia, mientras que en los servicios se aprecia una fase de estabilidad.

La industria y el offshoring
Una de las preguntas que suelen formularse al respecto de las implicaciones del offshoring tiene que ver con los agentes implicados. Desde un punto de vista de la industria y de las empresas, la evidencia permite destacar que el tipo de empresas que han fragmentado su cadena productiva no es uniforme a lo largo del tiempo. En el caso de la economía española pueden destacarse dos etapas (Díaz-Mora, 2007). En la primera, que alcanza toda la década de los ochenta, se acogen al offshoring muchas empresas de intensidad tecnológica media y baja, es decir con producción intensiva en mano de obra. En España esta práctica empieza a ser frecuente en las empresas del sector textil y vestido, metálico básico y productos de metal, alimentación, papel y edición (sectores, todos ellos, que conforman el patrón industrial español) aunque también es cierto que se incorpora por parte de algunas empresas del sector de los vehículos de motor. La segunda etapa se sitúa en la década de los noventa, sobre todo a partir de mediados de dicha década, y se caracteriza por la aparición de outsourcing internacional y deslocalización controlada por la propia empresa en sectores de mayr contenido tecnológico como es el caso de la maquinaria de oficina y material informático, material eléctrico y electrónico, instrumentos médicos y quirúrgicos, además del textil y la confección y vehículos de motor.
Los efectos del offshoring
En relación con las implicaciones que el offshoring tiene sobre el conjunto de la economía, suelen destacarse distintos tipos de efectos. Por lo que respecta al enfoque microeconómico, las empresas se debaten entre los beneficios de la disminución de costes laborales y un cambio en su estrategia de posicionamiento internacional. Desde un punto de vista agregado los efectos del offshoring hay que analizarlos en términos del mercado de trabajo, la productividad, los precios y el saldo de la balanza de pagos. En la literatura especializada pueden encontrarse trabajos de investigación que abordan estos aspectos, tanto desde el punto de vista teórico como del aplicado con conclusiones, a veces coincidentes, y en otras con disparidad de resultados empíricos.
Por lo que respecta al empleo, hay que distinguir por un lado el nivel de salarios y, por el otro, las diferencias salariales entre los mejor y peor retribuidos. El offshoring desplaza hacia países con menor nivel de desarrollo una parte importante de la mano de obra no cualificada. Esta situación se traduce en una demanda menor de este tipo de trabajos, lo que repercute en una disminución de los niveles salariales. También se produce, aunque en menor medida, un efecto en sentido contrario puesto que, la colocación en países más ricos de parte de la producción local, permite la salida al exterior de trabajadores con mayores niveles de formación. El trabajo de Feenstra y Hanson (1999) proporciona alguna evidencia al respecto para la economía de los EE.UU.: la brecha salarial en 1979 se estima aproximadamente en una cifra de 1,30; es decir que los trabajadores cualificados reciben un salario que supera en un 30% el salario de aquellos trabajadores sin estudios o no cualificados. Al cabo de apenas un par de décadas, en plena efervescencia del offshoring, esta diferencia puede haber alcanzado el 35%. Estos mismos autores señalan además que los niveles salariales de ambos tipos de trabajadores ha aumentado en este mismo periodo de tiempo. Amiti y Wei (2006) observan que el offshoring de bienes afecta positivamente la demanda de trabajadores locales, en tanto que Canals (2006) –con datos referidos a la economía española, encuentra que el offshoring total (entendido como un factor de producción más) es complementario de los trabajadores cualificados y substitutivo de los trabajadores no cualificados. El estudio del Forrester Research y el trabajo de Blinder (2006) apuntan, sin embargo, que la desaparición de puestos de trabajo en EE.UU. espacialmete de los de peor grado de cualificación) es creciente y responsabilizan al offshoring de este resultado. La evidencia disponible señala, en definitiva, que por una parte los salarios han crecido a pesar del offshoring mientras que, por otra, han aumentado las diferencias entre las retribuciones percibidas por los más cualificados en relación con los de menor cualificación y que se produce una importante pérdida de puestos de trabajo en las economías avanzadas. Una situación como la descrita debería, si embargo, impulsar políticas de mejora de la formación de los trabajadores como forma de obtener ganancias en productividad con los empleos locales.
Los efectos sobre la productividad se derivan de la disminución de los costes de transacción convencionales. Si estos efectos son perdurables, resulta imaginable que las empresas tendrán argumentos sólidos para consolidar su crecimiento y desarrollo lo que, a su vez, debería provocar un aumento de puestos de trabajo de cualquier nivel de cualificación. Siguiendo esta misma línea argumental, el análisis económico nos conduce al terreno por el que resulta inmediato concluir que el precio de los bienes y servicios finales, puestos en el mercado por las empresas que practican el offshoring, deberían disminuir. Si esto sucediera, entonces se produciría un aumento del salario real de todos los trabajadores.
El offshoring debe traducirse, al menos en una primera instancia, en un aumento de la propensión a exportar. La especialización vertical de las empresas con mayor contenido tecnológico acaban siendo responsables de buena parte de este crecimiento exportador aunque, como señalan Cadarso et al. (2007), las importaciones de componentes electrónicos y maquinaria de oficina empujan al alza su presencia en el valor final de las exportaciones.
Desde una perspectiva microeconómica, los argumentos a favor del offshoring por parte de las empresas oscilan desde la mera búsqueda de mejora en la estructura de costes, con el objetivo de encontrar ganancias en competitividad, hasta cuestiones de mayor calado estratégico. En este sentido el offshoring mejora la eficiencia productiva y la posición competitiva de la empresa, en especial en empresas de sectores intensivos en mano de obra (Gandoy y Díaz-Mora, 2007) que se ven abocadas a formular estrategias más globales de internacionalización de su producción con el acceso a redes internacionales. Esta orientación también se traduce en una nueva posición internacional en la comercialización de sus productos.
Referencias
Amiti, M. y Wei, S.: “Service offshoring. Productivity and Employment: Evidence from the US.” Economic Policy. 2006
Bhagwati, J., Dehejia, V. “Free Trade and Wages of the Unskilled: Is Marx Striking Again?”, en Bhagwati, J, Kosters, M (eds) “Trade and Wages”. The American Enterprise Inst. Washington. 1994
Blinder, A. Offshoring: “The Next Industrial revolution?”. Foreing Affairs, p. 113-128. 2006.
Cadarso, MA et al.: “Spanish Industrial Employment Vertical Specialisation and Outsourcing to Eu Candidates”, en Vahtra, P., Pelto, E (eds): “The Future Competitiveness of the EU and Eastern Neighbours”. Pan-Europen Institut. Turku. 2006.
Canals, C. “Offshoring y deslocalización: nuevas tendencias de la economía internacional”. Documentos de Economía. Servicio de Estudios. La Caixa. Nº 3. 2006.
Díaz Mora, C. “What factors determine the outsourcing Intensity? A Dynamic Panel Data approach for manufacturing Industries”. Applied Economics. 2007.
Feenstra, RC, Hanson, GH : “Globalization Outsourcing and the Wage Inequality”. American Economic Review, vol 86, nº 2, p- 240-245. 1996.
Forrester Research Group: “Near Term Growth of Offshoring Accelerating. Rezing US Services Jobs Going Offshore”. 2004.
Godoy, R. Díaz Mora, C. “El offshoring en la industria española: una revisión de la evidencia empírica”. Revista de información Comercial Española. ICE: nº 837, p. 195-210. 2007.
Ricart, JE y Agnesse, P: “Offshoring en España. Causas y consecuencias de la deslocalización de servicios”. IESE. Centro Anselmo Rubiralta de Globalización y Estrategia. Proyecto del Offshoring Research Network. Informe. Noviembre. 2006.