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Abril 28, 2008

ARTÍCULO. Geopolítica energética de Brasil, “Un nuevo eje para la integración de América del Sur”

Por Patricio Morales - F. Director del Área de Riesgo Político del Centro de Análisis e Investigación Política, CAIP

Desde un punto de vista geográfico América del Sur posee un potencial energético caracterizado por una gran disponibilidad y variedad de recursos, sumado de una relativa proximidad entre fuentes productoras y mercados consumidores, y según estudios de Foreign Affairs se calcula que ampliado este escenario en una integración energética entre los países implicados, la región economizaría de 4000 a 5000 millones de dólares por año en ganancias notables. Y situando este escenario en la coyuntura sudamericana actual, debemos agregar el aumento creciente de la demanda energética por el mayor desarrollo que experimentan algunos de sus países, lo que se traduce en un mayor potenciamiento del sector productivo y un fuerte incremento del consumo en general.

Si solo nos quedamos con el contexto anterior podríamos inferir que no debiese existir ningún tipo de problema de contenido energético, e incluso podríamos argumentar que de seguir el curso de la inversión en otros mercados consumidores, el futuro de la región debiese acercarse a las ganancias económicas. Sin embargo, resulta sorprendente que la actualidad nos muestra todo lo contrario, América del sur posee bajos índices de integración en esta materia, y las políticas solo han avanzado a formas básicas de conexión entre algunos estados sin capacidad de estructurar escenarios de largo plazo, y menos, ampliar institucionalidades que engloben al resto de los países.

Entrando a la realidad concreta de cada país, Sudamérica muestra fundamentalmente dos grupos; por un lado, países con una gran capacidad de producción y exportación energética como los son Venezuela, Brasil y Bolivia, y en un segundo grupo, países esencialmente dependientes e importadores en altos porcentajes, como Chile y Uruguay.

Mi interés por extensión de tiempo será solo centrarme en los países productores, fundamentalmente en Brasil, que a mi juicio configura una asimetría respecto de Venezuela, en cuanto a geopolítica energética respecta.

En los países productores de petróleo de la región se produce un singular fenómeno, la existencia de gobiernos de corte populista en Venezuela y en Ecuador hacen que los nuevos ingresos que la economía recibe por concepto del mayor precio del crudo se destinen a gasto corriente en vez de inversión, y en el caso de Venezuela, a usar adicionalmente la riqueza petrolera como instrumento político de influencia sobre países que carecen de tal recurso con miras a formar una suerte de eje político-ideológico que contrapese a Estados Unidos de Norteamérica.

Al realizar una revisión de los principales ejes de influencia política y económica de América del sur, podemos destacar tres ejes principales:

El primero, EE.UU., potencia mundial que en la actualidad muestra un descenso considerable de su influencia sobre la región, que muchos analistas engloban en el “fin de la Doctrina Monroe” como eje de la política exterior para el cono sur.

El segundo eje, ya mencionado, es el conocido bolivarismo liderado por el presidente de Venezuela Hugo Chávez, que en plano de la geopolítica energética, se expresa por políticas populistas hacia un nacionalismo energético, que no es más que la instrumentalización del petróleo y frustradamente el gas (Gran Gasoducto del Sur), como herramientas de intromisión e influencia en las políticas internas de algunos países de la región.

Pero hoy nos encontramos frente a un tercer eje de influencia, y quizás el con mayor potencial de desarrollo. Primordialmente proviene desde el ámbito de la política expresada por países como: Chile, Brasil, Perú, Colombia y Uruguay. Y en el plano de la geopolítica energética se expresa especialmente en el Brasil de Lula, como principal actor.

Esta línea divisoria que se establece respecto del Bolivarismo, se materializa en que este tercer eje se establece como una socialdemocracia pragmática, con lideres y políticas moderadas, que en plano económico se desarrolla por una alta competencia profesional, y por un rigor y disciplina en la formulación y ejecución de la política social.

Al analizar la geopolítica de Brasil debemos comprender dos variables, tanto en el presente como para su desarrollo futuro. Primero, el escenario que sitúa actualmente a Petrobrás, y segundo la diversificación de la matriz energética y económica que hoy emprende Brasil.

Petrobrás es una empresa estatal que hace diez años era un monopolio en el sector brasileño de hidrocarburos con un papel relativamente pequeño, pero que hoy se ha transformado en una de las compañías petrolíferas, tanto estatales como privadas, punteras en el escenario internacional. Sus herramientas que la destacan son diversas; un exitoso aumento de reservas y producción; capacidad técnica envidiable en el ámbito de la exploración, desarrollo y producción de reservas offshore; múltiples proyectos de inversión internacionales; pero lo más relevante, y que da paso a la segunda variable, es que la diversificación de la economía brasileña permite que los ingresos que el gobierno brasileño necesita no dependan de los ingresos de la empresa estatal. Esto se expresa en que hoy Petrobrás sin realizar cuantiosas exportaciones, sigue evolucionando en ingresos por su producción.

Esta afirmación mantiene como principal ejemplo un espejismo que erróneamente se interpreta en la tan mencionada por diversos analistas, “rivalidad del petróleo venezolano y el etanol brasileño”. Es cierto que la producción de etanol en Brasil esta creciendo rápidamente, pero la mayor parte de esta producción se consume internamente y el margen por suministrar es aun más que considerable. Por otro lado, el etanol de Brasil puede llegar a ser un complemento en la oferta energética para el sector transporte, pero no va a convertirse en un elemento capaz de rivalizar con el petróleo, ni menos de amenazar los intereses de Venezuela en materia energética. En conclusión, el etanol brasileño no es más que un elemento que argumenta el positivo escenario de una economía interna diversificada, tanto para Brasil, como para el desempeño (lejano de políticas populistas) de Petrobrás.

Para recapitular, podemos definir que la geopolítica energética de Brasil esta compuesta por dos variables que se complementan a la perfección tanto hoy como para su desempeño futuro. Pero lo más relevante es que estas variables están comandadas por un nuevo estilo de hacer política en América del sur (tercer eje de influencia para América del sur), con un Brasil paciente y solidario en su relación a este segundo eje de influencia bolivariano y nacionalista en lo energético. Un Brasil que ofrece un camino por sobre todo alternativo, y no violento a la histórica pero en descenso por el momento, influencia de EE.UU., es decir, con políticas energéticas que no rompan de golpe el patrón de interdependencia para Sudamérica, y por otro lado, políticas de socialdemocracia que enfrentan la globalización de una manera positiva y realista.


ARTÍCULO. Diagnóstico de Paraguay: en la antesala de una nueva elección presidencial

Andrés Benavente Urbina - Director de Estudios del Area del Riesgo Político del Centro de Análisis e Investigación Política, CAIP.

Es difícil encontrar un país en la región donde las instituciones funcionen peor que en Paraguay y donde la inseguridad sea la pauta que contextualiza la vida cotidiana de las personas. El país es un lugar casi mítico. Una suerte de Macondo actual. Un territorio al cual el tiempo y la modernidad esquivan.

Es un país casi marginal en la región. Está lejos de ser un centro decisional, tampoco representa un polo de desarrollo. Su política - que aún responde a los viejos padrones latinoamericanos del clientelismo - pasa desapercibida en medio de los cambios que experimentan sus vecinos. Es un país que hace noticia por otros motivos, particularmente por la existencia de una zona en que prevalece la anomia - la llamada Triple Frontera - territorio propio de los contrabandistas, traficantes de drogas y de armas, y lavadores de dinero. El problema fundamental del Estado paraguayo es la corrupción.

En la próxima elección presidencial compiten dos candidatos populistas: el general ® Lino Oviedo y un ex obispo partidario de la Teología Liberación. La tercera candidata principal es del partido Colorado y representa el continuismo tanto del actual gobierno del presidente Duarte como de la tradición clientelista de largas décadas.
Su clima de negocios es abiertamente malo pues está condicionado por una corrupción endémica. Los altos porcentajes de contrabando y de evasión tributaria son muestra de la existencia de instituciones muy débiles, con una Justicia cómplice de la inseguridad jurídica, que exhibe poca eficacia para hacer imperar el derecho. Las instituciones judiciales no tienen fuerza para garantizar la seguridad ni la certeza jurídicas.

Desde una óptica económica, es un territorio en que el rol del Estado es ambivalente y contradictorio. Demasiado fuerte y protagónico en su intervención en la economía, es fiel a viejas concepciones patrimoniales en que los titulares del poder político estimaban que el país era de su propiedad, al estilo de aquella Centroamérica de los Somoza, Trujillo y Duvalier. Un Estado demasiado visible en el orden de las regulaciones y de la discrecionalidad de la autoridad. Desde 1954 a 1989, el país fue algo así como un regimiento dirigido por el general Alfredo Stroessner, derrocado en una especie de "juego de guerra" por su consuegro, el general Andrés Rodríguez. Esta situación fue y aún es pasto fértil para la corrupción.

Actualmente hay una gravísima situación de crisis económica e incumplimiento de obligaciones financieras internacionales. Hay sí mayor consonancia. Los partidos políticos - en distintas intensidades - son devotos del estatismo y, por consiguiente, se sitúan lejos del libre mercado. También lo son del proteccionismo comercial y de las regulaciones. La concepción patrimonialista propia de una economía interventora no deja mayores espacios para la apertura, la competitividad y el protagonismo del sector privado. En definitiva, el libre mercado es una estrategia de desarrollo que jamás se ha aplicado en Paraguay.

La seguridad ciudadana es muy negativa. El propio presidente Duarte denuncia que hay policías que se confabulan con las bandas criminales que operan en el país. Gravísima acusación en cualquier país, pero que en el caso paraguayo adquiere caracteres superlativos dado que quien la formula es nada menos que el Jefe de Estado. Ello implica un reconocimiento de que la autoridad no puede controlar a la fuerza policial, dentro de la cual hay corrupción y complicidad con la delincuencia común y la perpetración de secuestros.

Hay que tener en consideración que, invariablemente, en cada cambio de gobierno hay promesas de rectificación que después quedan incumplidas. El Estado está, a la vez, ausente en zonas del territorio donde el crimen organizado paulatinamente ha ido cobrando carta de ciudadanía. Es sabido por la comunidad internacional que la zona de la Triple Frontera (límite con Argentina y Brasil) es una de las zonas en que se materializan las mayores acciones de contrabando que, en el caso paraguayo, es uno de los factores que dinamizan la economía doméstica.

Abril 08, 2008

El BID, optimista con la capacidad de Latinoamérica para hacer frente a las turbulencias económicas

En la reunión anual de la Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la institución mostró optimismo sobre la reacción de América Latina y el Caribe ante las recientes turbulencias financieras globales.
Aunque este último lustro ha sido positivo para la región (un crecimiento medio del 5,6% anual, menos dependencia con los flujos de capitales externos y en torno a 450.000 millones de dólares en reservas internacionales), desde el BID instan a los gobiernos a seguir adelante con las reformas pendientes.


Más información:
http://www.iadb.org/NEWS/articledetail.cfm?artid=4539&language=Sp