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Mayo 31, 2006

Jornadas "Jóvenes latinoamericanos en Catalunya. Inquietudes-expectativas-convivencia"

Las jornadas “Jóvenes latinoamericanos en Catalunya. Inquietudes - Expectativas - Convivencia” es una oportunidad para ofrecer una visión de la realidad que rodea al colectivo de jóvenes latinoamericanos que viven en Catalunya. Está organizado por la Casa Amèrica Catalunya con colaboracion de otras entidades, entre las que se encuentra el ORLA, y se abordarán temas como la inserción de los jóvenes en la sociedad de acogida, el deporte como herramienta de integración, la representattividad de la diversidad en los medios de comunicación, entre otros.

Se realizará los próximos días 8 y 9 de junio en el Museo de Historia de Catalunya (Pl. De Pau Vila, 3). La entrada es gratuita. Para más detalle clicar aquí.

ARTICULO. Efectos de la sobrevaluación del Real

Cuando el presidente de Brasil Lula da Silva asumió el 1 de enero de 2003, la moneda brasileña se cotizaba a 3,50 por dólar. A comienzos del 2006, el dólar alcanzó su menor valor en cinco años (2,06 reales) y en los casi seis meses transcurridos de este año, el real se revaluó un 11%, llegando a valores muy parecidos a los de 2001. Indudablemente esta evolución tiene impactos importantes sobre la economía brasileña y, en particular, en su sector exportador. Estos acontecimientos son significativos de analizar ya que en un país como Brasil, que en la región se caracteriza por su fuerte sector industrial, cobran aun más relevancia.

La realidad es que la sobrevalución del real ya está causando efectos en compañías de Brasil. Volkswagen, por ejemplo, anunció que deberá despedir a miles de trabajadores de sus cinco plantas, en parte debido a la pérdida de competitividad de sus exportaciones. Asimismo, muchas otras grandes firmas dejaron de exportar o están proyectando menores exportaciones a causa del alto valor del real.

No obstante, esto se presenta pese al récord positivo del saldo de la balanza comercial del año pasado (44.756 millones de dólares). Las exportaciones mantuvieron su ritmo de crecimiento en 2005 principalmente por el aumento de los precios internacionales, y no por incrementos en las cantidades. En este sentido, si llegara a producirse una caída de la demanda exterior que deprima los valores, el sector externo brasileño se encontraría muy expuesto.

En sectores como el textil o el calzado –que se caracterizan por emplear a muchas personas– un efecto de la sobrevaluación del real consiste en que algunas fábricas pueden verse obligadas a cerrar ante la competencia de productos más baratos procedentes de China y de otros países asiáticos. Por su parte, por la pérdida de rentabilidad de las exportaciones, ciertas empresas textiles están considerando trasladar parte de su producción a Asia como una forma de mantener su competitividad internacional.

A la hora de buscar las causas que contribuyen a la actual sobrevaluación del real los altos intereses juegan un papel importante, ya que al atraer capital especulativo aumentan la fortaleza del real. Por otro lado, para muchos analistas, el problema de Brasil es provocado por el auge de las exportaciones de minerales y algunos productos agrícolas, en especial la soja, favorecidos por el alza de precios (que contribuyó al superávit comercial de 2005).

Sin embargo, están quienes sostienen que esto no puede ser una dificultad para la industria de Brasil por la variedad de sus rubros exportados, con gran participación industrial y sin un producto básico dominante. Por lo tanto, algunos identifican el problema de la industria como producto de la fuerte valorización del real. Otros, en cambio, encuentran la causa en los intereses y tributos demasiado elevados junto con deficiencias en infraestructura y tecnología.

En un contexto como este, los casos de Argentina y China muestran que no es inevitable que la moneda se revalúe frente al exceso de dólares producido por las exportaciones de productos primarios, que ven incrementados sus precios. Estos países también registran grandes saldos comerciales pero, mediante el incremento de sus reservas, mantienen el tipo de cambio favorable a las exportaciones y bajos intereses. El problema brasileño es que con los altos intereses básicos fijados por el Banco Central se hace demasiado caro ampliar las reservas.

Por lo tanto, la elección de política monetaria debe considerar que un dólar alto y libre ofrece una importante flexibilidad a la política económica. Un tipo de cambio real competitivo favorece a los sectores exportadores para ganar mercados, además de permitirles la contabilización de crecientes utilidades. También colabora para el ingreso de divisas a la economía y la obtención de un superávit comercial, que ayuda reducir la vulnerabilidad.

Por último, vale la pena recordar la experiencia de la Argentina en los últimos años de la década pasada, cuando era frecuente que compañías locales cerraran plantas o líneas de producción y las trasladaran a Brasil, donde encontraban costos más bajos. Sin embargo existe una diferencia: resulta difícil imaginar que Brasil esté dispuesto a arriesgar sus exportaciones industriales. Los empresarios confían en que el gobierno intervendrá, con más créditos y medidas impositivas que alivien la presión del real sobre los costos.

Mayo 24, 2006

Firma del Convenio ORLA-Cámara de Comercio de Perú en España

El día lunes 15 de mayo se firmó el convenio marco de cooperación entre el ORLA y la Cámara de Comercio de Perú en España. Fue firmado por el rector de la Universidad Pompeu Fabra, Josep Joan Moreso y el presidente de la Cámara de Perú en España, Orlando Cabada. El referido convenio tiene como objetivo principal estrechar las relaciones entre ambas instituciones y desarrollar actividades de difusión de información y capacitación a pequeñas y medianas empresas. Los temas de interés mutuo están relacionados al comercio exterior, nuevas tecnologías para Pyme's e inmigración.
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De izquierda a derecha: Carles Murillo (Director ORLA), Josep Joan Moreso (Rector UPF) y Orlando Cabada (Presidente CCPE)

Mayo 21, 2006

ARTICULO. Uruguay-Argentina: un inesperado conflicto entre hermanos

La controversia que actualmente enfrenta a Uruguay y Argentina se origina en la autorización otorgada por el gobierno oriental a empresas europeas –la española ENCE y la finlandesa Botnia- para construir dos plantas de procesamiento de celulosa en el país. Si bien comenzó a trascender en 2005, evolucionó rápidamente hasta alcanzar tal complejidad que -hoy por hoy- ninguna de las partes vislumbra su pronta resolución.

Las plantas se encuentran en construcción sobre el Río Uruguay, límite internacional con Argentina, en la ciudad de Fray Bentos. Esta localidad se encuentra al pie del Puente General San Martín, que la une con la provincia argentina de Entre Ríos y, a 35 km., con la ciudad de Gualeguaychú.

Se trata de proyectos independientes entre sí, de significativa envergadura. ENCE invertirá cerca de US$ 600 millones para producir 500.000 toneladas anuales de celulosa, mientras que Botnia prevé una inversión de US$ 943 millones, para comenzar a producir 1.000.000 de toneladas/año desde 2007. Como referencia, la producción media de una planta de celulosa en Europa es de 180.000 toneladas. Botnia sostiene que realiza la mayor inversión privada en la historia uruguaya, y que su producción aumentará directamente el PBI del país en un 1,6%. Por ende, resulta lógico que el gobierno uruguayo -durante la presidencia de Jorge Battlle- aprobara rápidamente los proyectos, en base de los estudios de impacto presentados por las empresas. Entre la población, el apoyo a las plantas es mayoritario, por el empleo generado y su repercusión en la actividad económica de Fray Bentos: se estima que durante la construcción ocuparán a 7.000 personas, y 600 una vez finalizadas.

Pero la construcción de las plantas no pasó inadvertida para la opinión pública de la otra orilla, en Entre Ríos. El fantasma de la emisión de dioxinas y furanos, sumado a la percepción sobre la posible contaminación del aire, el agua y el suelo, llevaron a que 30.000 habitantes de Gualeguaychú encararan una primera marcha al puente San Martín en mayo de 2005.

Un tema central del reclamo era el tipo de tecnología que utilizarán las plantas. Entre las más usadas para el blanqueo de pulpa a nivel mundial, se encuentran la Elemental Chlorine Free (ECF, que aplicarán las pasteras, y que los entrerrianos denuncian señalando que Uruguay tolerará técnicas ya superadas en el primer mundo) y la más avanzada Total Chlorine Free (TCF). El gobierno uruguayo y las empresas afirman que los procesos a implementar son compatibles con las normas medioambientales más rigurosas, esto es, las vigentes en la Unión Europea. A nivel comunitario, la Directiva 96/61/CE IPPC establece la obligación de poner en práctica las mejores técnicas disponibles antes del 30/10/2007. Para determinar cuáles son esas mejores prácticas en la industria de la pulpa y el papel, existe un documento formalmente adoptado que analiza, entre otros puntos, las emisiones hacia el agua, el aire y los desechos. Tanto la ECF como la TCF están comprendidas entre las prácticas allí aceptadas, pero el mismo el documento indica que la definición acerca de la mejor práctica aplicable depende de las características particulares de cada proyecto.

Argentina sostiene que no fue informada sobre la instalación de las plantas, a pesar de que las emisiones que conllevan sus procesos afectan a un recurso compartido como el Río Uruguay. Afirma que solicitó informes al país vecino en el seno de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU), órgano creado por el Estatuto del Río Uruguay, tratado bilateral firmado en 1975 para la gestión conjunta de la cuenca. Primeramente la cuestión no avanzó ya que finalizaba el gobierno de Battlle, y cabía esperar las orientaciones que la administración del Frente Amplio encarara en política exterior. Pero luego de asumir, Tabaré Vázquez apoyó claramente los proyectos. Al volver a tratar el tema en la CARU, Uruguay se respaldó en los compromisos asumidos con las empresas, quienes –hecho consumado- ya habían comenzado las obras.

La posición de Uruguay se fundamenta en los beneficios económicos y sociales de las plantas para los habitantes de la zona. Asegura que el impacto medioambiental está controlado, ya que se cumplirá la normativa uruguaya en la materia, además de estándares internacionales y del Grupo Banco Mundial. Estos últimos cobran importancia, ya que tanto Botnia como ENCE solicitaron financiamiento para sus proyectos por cerca de US$ 720 millones en total a la Corporación Financiera Internacional (CFI) y a la Agencia Multilateral de Garantías de Inversión (MIGA), miembros del Grupo.

No obstante, la presión pública llevó a los presidentes Néstor Kirchner y Vázquez a conformar un Grupo Técnico de Alto Nivel (GTAN) que estudiaría el impacto ambiental de las plantas en 180 días. Que los presidentes determinaran el procedimiento a seguir -y no CARU- marca la debilidad de las instituciones bilaterales para aplicar las vías de solución ya vigentes.

Luego de un comienzo dilatado, el GTAN presentó su informe en enero de 2006. Uruguay explicó que había brindado toda la información solicitada, pero el gobierno argentino dio por finalizado el proceso considerando sus resultados no satisfactorios. Declaró que Uruguay no había evaluado en forma completa el impacto acumulado de las dos plantas y que, agotándose la instancia de negociación directa, quedaba por tanto habilitado para recurrir al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, siempre en función de lo establecido por el Estatuto.

Mientras tanto, diversos factores habían ido complicando el escenario. Argentina había presentado, en junio, cartas a la CFI y a los bancos BBVA e ING, advirtiéndoles el riesgo de financiar proyectos no evaluados cabalmente desde lo ambiental. La molestia de Uruguay fue manifiesta, calificando el hecho como unilateral y poco acertado.
De todas maneras, la CFI inició una revisión de las estimaciones. Emprendió un nuevo Estudio de Impactos que culminó en diciembre, esta vez acumulativo de ambas plantas, tras el cual abrió un período de consultas con las partes interesadas por 60 días. Esta espera contribuyó a distender las tensiones en Argentina, a la expectativa de las conclusiones a las que llegara el organismo. El estudio presentado determinó que se cumple con los estándares del Banco Mundial y de la U.E. Acerca de la tecnología a utilizar, estableció que es admisible dentro del estado actual de la industria. El informe fue aceptado por Uruguay pero objetado formalmente por Argentina. Dada la cantidad de opiniones recibidas durante el período de consultas, la CFI las derivó a un panel de expertos independientes para su análisis. A fines de abril, éstos anunciaron la necesidad de recibir información adicional de las empresas para determinar con precisión el impacto de los proyectos, y recomendaron una serie de mejoras técnicas. No obstante, afirmaron que las preocupaciones acerca de un daño medioambiental grave carecen de sustento. Casi simultáneamente, el ING confirmó que no financiará el proyecto de Botnia.

En Argentina, el tema había sido intensamente defendido a través de los medios, desde la campaña previa a las elecciones de octubre, por el Gobernador de Entre Ríos Jorge Busti, los Cancilleres Rafael Bielsa y luego Jorge Taiana, y hasta el mismo presidente Kirchner. Una denuncia penal de Busti contra los directivos de ENCE y Botnia llegó hasta la Corte Suprema de Justicia, que la rechazaría en febrero.

Lo que quizá ningún funcionario previó era el surgimiento de un actor poco habitual en Argentina, pero que en este caso adquirió inusual fuerza: la gente. Desde la primera manifestación en el puente, una agrupación concentró el reclamo y fue la cara visible de la protesta en Entre Ríos: la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú. Había comenzado haciendo cortes esporádicos de las rutas sobre el puente San Martín, que fueron replicados por los habitantes de otra ciudad, Colón, sobre el segundo de los tres puentes binacionales, el Artigas. Esta modalidad de protesta era habitual en el país, practicada por los denominados “piqueteros” que -a menudo movilizados por punteros políticos- acostumbraban cortar accesos en reclamo de planes sociales u otras demandas.

Sin embargo, los cortes en Entre Ríos mostraban una representatividad distinta, porque la generalidad de los habitantes apoyaba esta vez la causa, y por la composición de sus manifestantes, mayoritariamente de clase media. Contaban además con la excepcional ubicación de los puentes, que permiten la conexión vial más corta entre Montevideo y Buenos Aires e integran el corredor bioceánico que -desde Brasil hasta Chile- atraviesa la zona más dinámica del MERCOSUR. A través de ellos se efectúa un intercambio bilateral de bienes equivalente a US$ 360 millones anuales.

A principios de febrero, al ver que la construcción de las plantas avanzaba impasible y ante la falta de resultados de las negociaciones, los asambleístas iniciaron un corte del Puente San Martín que -a diferencia de los anteriores- se prolongaría por 45 días, al que se sumaría otro sobre el Puente Artigas. Esta medida marcó urgencias para la dirigencia en ambos países. En plena temporada turística, el conflicto comenzó a causar pérdidas económicas tangibles, prácticamente fuera de su control. El tema centraba la atención de los medios, y rompía por otra parte la armonía de una relación que se había mantenido sin sobresaltos mayores por más de cien años.

Las autoridades uruguayas endurecieron su posición y exigieron el abandono de los cortes como condición previa a cualquier negociación. En uno de los puntos más álgidos de la crisis, Vázquez y Kirchner acordaron durante la asunción de Michelle Bachelet en marzo que solicitarían a las empresas la suspensión de la construcción por un máximo de 90 días, a cambio de la liberación del tránsito sobre los puentes. Durante ese tiempo, se analizarían nuevamente las consecuencias ambientales de los proyectos para llegar a un acuerdo final.

Tras días de deliberación, dividida ya entre duros y moderados, los asambleístas levantaron los cortes. Botnia y ENCE anunciaron la suspensión de las obras según lo solicitado por el gobierno uruguayo, pero todo el proceso volvió a foja cero cuando Botnia comunicó que efectivizaría la suspensión por sólo diez días, parte de los cuales coincidía con feriados. Los entrerrianos reiniciaron inmediatamente el corte, que en principio se extendería hasta el 1º de mayo.

Uruguay concretó entonces formalmente el pedido de activar el sistema de Solución de Controversias del MERCOSUR, por verse impedida la libre circulación entre sus Estados Miembros, lo que violaría al Artículo 1º del Tratado de Asunción, acuerdo fundacional del bloque.

Argentina, que ocupa la presidencia pro-tempore, hasta el momento no ha contestado, pero en cambio arremetió con llevar la causa ante la Corte de La Haya, decisión que sigue anunciando como irreversible pero que hasta el momento no ha consumado. Cada país continúa interpretando el conflicto desde ópticas distintas: Argentina recurriría a la Corte como último recurso establecido por el Estatuto de 1975; Uruguay intenta enmarcarlo en el ámbito regional.

El tema terminó así por salpicar a todo el bloque, agravando uno de los momentos más delicados que atraviesa el MERCOSUR. Brasil, como Chile, no quiere tomar partido en una discusión que considera bilateral. Pero sus empresas se ven afectadas por los cortes, con cientos de camiones varados en la frontera. Paraguay, como Uruguay, ve propicio el momento para resaltar las pocas ventajas que los socios menores están encontrando en la integración, sin olvidar las tentadoras ofertas de acuerdos comerciales que Estados Unidos está ofreciendo a países de la región, y que ya firmaron Colombia y Perú. Brasil y Argentina miran también con cautela los movimientos de Venezuela, que recientemente se incorporó al MERCOSUR y está abandonando la Comunidad Andina de Naciones. Los gestos de su presidente Hugo Chávez hacia los socios menores del bloque, siempre respaldados por los inmensos recursos financieros de que dispone, no dejan de generar -sobre todo para Brasil, quien ve este avance conjuntamente con el de las negociaciones bilaterales estadounidenses- un cierto temor de pérdida de influencia en la región.

El gobierno finlandés, por su parte, aclaró públicamente que no intervendrá en el conflicto, ya que se trata de una inversión privada. Sin embargo su ministra de Comercio Exterior, Paula Lehtomäki, llegó a Uruguay en visita oficial y canceló su arribo a Argentina por considerar el momento poco oportuno. Incluso el Comisario de Comercio de la U.E., Peter Mandelson, salió en defensa de la empresa finlandesa indicando que la situación compromete posteriores inversiones europeas en ambos países.

Hoy, ni Vázquez puede volver atrás arriesgando futuras inversiones directas o indemnizaciones, ni Kirchner tiene demasiado espacio para ceder en una causa en la que se involucró personalmente, con su estilo discursivo y directo en favor de los intereses nacionales. Más allá de la crítica uruguaya sobre si Argentina aplica el mismo celo al control ambiental de otras plantas ya instaladas en el país, en la base de la negociación subsiste la complejidad técnica de la discusión. La posición del ciudadano promedio deviene más de información simplificada e impresiones emocionales, según se encuentre a uno u otro lado de la frontera, que de datos fidedignos que le sean provistos por actores objetivos del proceso. Existe un antecedente cercano: Celulosa Arauco de Chile, que en agosto de 2005 reanudó operaciones tras clarificar con el gobierno las condiciones técnico-jurídicas de funcionamiento de su planta.

La opción de resolver el diferendo en el marco del MERCOSUR acaba de mostrarse como poco probable, tras el encuentro entre Kirchner y Lula, durante el cual Brasil reafirmó que se trata de un tema bilateral. Incluso pidió a su socio evitar la internacionalización del conflicto mediante su presentación en La Haya. Pero Argentina estaría decidida a hacerlo, no más allá de mayo. No obstante, la resolución judicial del problema llevaría probablemente años, y se centraría en la eventual violación a los tratados binacionales más que en los aspectos ambientales en sí. A su vez la negociación dentro de la OEA, reflotada recientemente por Uruguay, se dificulta por la necesidad de que ambos países consensúen la decisión de acudir a este ámbito.

Mientras tanto, las plantas prosiguen su construcción y los dos países deberán encontrar un acuerdo bajo la presión de la opinión pública. Una posible instancia de negociación más directa y rápida puede encontrarse en la CFI, si las empresas continúan trabajando con el panel de técnicos para implementar las mejoras sugeridas y si Argentina -como Uruguay- coinciden en que son suficientes. Directamente, las empresas podrían sentarse a negociar con ambos países, y ya no sólo a través de Uruguay, hasta alcanzar un acuerdo. El gobierno oriental hasta el momento lo ha evitado, y -vistos los antecedentes de empresas europeas que se retiraron de Argentina tras largas negociaciones con el Estado- esta posibilidad abre quizás más interrogantes que esperanzas de una pronta solución.

Cualquiera sea el ámbito en el que se alcance un acuerdo, será luego esencial lograr informar y convencer a los habitantes argentinos de la zona de que las plantas trabajarán sin generar daños al entorno. Justamente ellos, que conforman una fuerza inédita en el escenario democrático del país, marcarán –según la fuerza y continuidad que puedan darle a su reclamo- el éxito o el fracaso de las negociaciones que se alcancen a nivel político.

* Mariela Sosa; Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Católica de Córdoba en Argentina con Master en Negocios Internacionales por el IDEC-Universidad Pompeu Fabra.

Mayo 15, 2006

ARTICULO. Bolivia: las señales de regresión

La decisión del presidente Morales de poner en marcha la nacionalización de los hidrocarburos no impactó en los mercados en cuanto tal pues era un oferta de campaña que, además se insertaba en la nueva Ley de Hidrocarburos promulgada en el gobierno anterior.

El impacto es en cuanto señal de mayor profundidad: ¿se está ante una fase de regresión económica y política en la región sudamericana?. Ya no se trata sólo de medidas que adopta el venezolano Hugo Chávez inspirado en su “modelo” del socialismo del siglo XXI, sino de una decisión que corresponde a la relativización de los contratos que varios gobiernos han asumido como práctica.

El riesgo expropiatorio se había alejado de la región después que terminó reconociéndose casi universalmente el absoluto fracaso del estructuralismo económico de los años sesenta y setenta, en cuyo contexto se dio una oleada de nacionalizaciones y estatizaciones que culminaron con economía colapsadas marcadas por el estancamiento y las crisis hiperinflacionarias. En el cambio de paradigma, los capitales extranjeros dejaron de ser considerados como invasores a la soberanía, sino que fueron calificados como herramientas eficaces para cimentar un crecimiento sólido y sostenido. Como no bastaba el sólo enunciado en una zona donde las declamaciones políticas no tienen porque ser necesariamente creíbles, debió dictarse legislaciones especiales sobre inversión extranjera que ofreciera garantías en materias de propiedad y tributación, entre otras, para atraer flujos de inversión que efectivamente llegaron.

Bolivia mismo mostró una asombrosa recuperación en la segunda mitad de los años ochenta cuando impulsa reformas económicas estructurales aperturistas. El país llegaba a ellas con una hiperinflación que alcanzaba el 11.000% anual y con una alta conflictividad social, al punto que el socialista presidente Hernán Siles Suazo debió acortar su mandato y convocar a elecciones anticipadas. El viraje económico lo dio Víctor Paz Estensoro que en los años cincuenta había encabezado el estatista proceso de la “Revolución Boliviana”. Esta vez con acentuado realismo abrió la economía y posibilitó la llegada de capitales externos. A muy pocos años, el país había estabilizado su economía y entraba a una década de equilibrios macroeconómicos y de estabilidad política que, en ese entonces, era algo inédito en la nación.

Sucedieron a Paz Estensoro gobiernos de los signos más diversos, desde la izquierda a la derecha y en todos ellos se expresó un claro consenso acerca de las ventajas del modelo económico. La interrogante obvia es ¿por qué, entonces, se llega al escenario de crisis de 2003, antecedente básico de la regresión que hoy se observa?. Los principales factores fueron: la persistencia en una mala distribución del ingreso que impidió la legitimación y consolidación social de la estrategia de desarrollo; la expansión y profundización de la corrupción de la clase política que terminó siendo desprestigiada y sus consensos considerados como “componendas” en el reparto de prebendas; y la aparición de expresiones populistas en reemplazo de los partidos tradicionales, una de las cuales es el Movimiento al Socialismo de Morales.

La nacionalización de los hidrocarburos es una medida consistente con el perfil del populismo revolucionario que triunfa de manera contundente en las elecciones de diciembre. La población percibió que el resultado de los diversos gobiernos que dieron estabilidad no había solucionado el problema de la pobreza y de la marginalidad. Ante ello reaccionó emotivamente ante la oferta mesiánica del populismo que hace creer que bastan medidas políticas para que la economía de respuestas mágicas al tema de la desigualdad y de las carencias.

Sin embargo cuando vayan desapareciendo los efectos de los fuegos de artificios; se verá que sin recursos externos un país pobre no puede explotar por sí mismo sus recursos energéticos, hacer exploraciones, ni mejorar la infraestructura vinculada a ellos; la deteriorada confianza de los inversores no será fácil de neutralizar. La economía volverá a mostrar indicadores negativos y la pobreza que suele movilizarse pero no superarse tras las consignas mesiánicas, será aún más profunda. Sin duda una mala señal en medio de la euforia nacionalista.

* Andrés Benavente Urbina. Politólogo, investigador de la Escuela de Postgrado de la Facultad de Economía y Empresa, Universidad Diego Portales.

ARTICULO. Actualidad y futuro en el MERCOSUR

En los últimos años las diferencias que mantuvieron en materia comercial y estratégica los principales socios comerciales de la región –Argentina y Brasil–, las discrepancias en los regímenes de inversión y la evolución de las variables macroeconómicas en cada uno de los países han ido debilitando progresivamente al Mercosur. Sí bien han existido negociaciones comerciales que permitieron superar algunos de los conflictos que se presentaban en varios sectores productivos, todavía se observan ciertas fuentes de controversia que distan de haber sido resueltas. En este contexto, resulta importante hacer un repaso de la situación actual del bloque a fin de tratar de comprender que esperar para el futuro.

Uno de los principales debates del momento se refiere al conflicto entre Argentina y Uruguay por la instalación de las plantas papeleras en la ciudad uruguaya de Fray Bentos. Los cortes de rutas fronterizas en el lado argentino (provincia de Entre Ríos), como protesta por el impacto ambiental que implicaría el establecimiento de las fábricas, son para el gobierno uruguayo una violación a las normas del mercado común. El Mercosur –que concretamente desde marzo de 1991 con la firma del Tratado de Asunción es la unión aduanera formada por cuatro países de América del Sur: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y que cuenta, además, con dos países asociados: Bolivia y Chile– garantiza entre otras cosas la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos (capital y trabajo), a través de la eliminación de los derechos aduaneros y restricciones no arancelarias a la circulación de mercaderías.

A raíz de esto las autoridades uruguayas acusan a la Argentina de discriminar, aislar y bloquear a su país y reclaman la intervención del Mercosur para resolver la controversia, ya que en las actuales condiciones el bloque regional, aunque sigue siendo una prioridad estratégica, no les sirve. Además, por los “severos problemas y grandes dificultades” que están encontrando, el presidente uruguayo dijo estar analizando la idea de formar junto a Paraguay –que critica al Mercosur por las trabas comerciales de Argentina y Brasil– un frente común. La situación por la que atraviesa el bloque se torna más delicada sí suma la posibilidad de que en mayo el presidente uruguayo y el de Estados Unidos consideren la firma de un futuro tratado de libre comercio entre ambos países. Uruguay tiene, por aprobación parlamentaria, un tratado de protección de inversiones estadounidenses y este país es el principal destino de sus exportaciones.

A causa de los cortes en los puentes, los retrocesos en el proceso de integración, las negociaciones de los países grandes que excluyen a Paraguay y a Uruguay, las solicitudes de cumbres que no le son respondidas, el bloque se está tornado un problema mas que una solución para el gobierno uruguayo. Para su presidente, el modelo es el de Chile: libre comercio con el Mercosur y ningún otro compromiso con ese bloque, para de esta manera realizar acuerdos comerciales con otros países y alentar las inversiones.

Por su parte, para Argentina y Brasil, un retiro de Uruguay y Paraguay implicaría más que nada un suceso que expondría el fracaso del bloque y no tanto pérdidas de mercados. En cuanto al conflicto, el gobierno argentino tiene intención de realizar una presentación ante el Tribunal Internacional de la Haya, instancia que Uruguay rechaza por considerar que debe resolverse en el ámbito del Mercosur.

Otro punto de discordia son los Mecanismos de Adaptación Competitiva acordados entre los gobiernos de Argentina y Brasil. Se trata de un método que –mediante la fijación de aranceles al ingreso de productos competidores– busca proteger la producción de un país ante la invasión de bienes similares de otro. El problema es que hacía tiempo que Uruguay y Paraguay venían reclamando un sistema de estas características.

De cara al fututo, lo grave de estos episodios es que las discrepancias entre los socios continúan debilitado al Mercosur. Los acuerdos sectoriales proporcionan únicamente una protección temporal, que los empresarios y gobiernos deberían utilizar para mejorar su competitividad y de esta manera lograr resolver los problemas de fondo. Junto a esto los estados deberían participar activamente en la implementación de programas de industrialización. En cuanto al conflicto por las papeleras, lo llamativo es que uno de los objetivos de un proceso de integración regional es interrelacionarse con otras partes del mundo mediante la consolidación de grandes mercados capaces de atraer inversiones de magnitud. El inconveniente en esta caso radica en que una de las mayores inversiones productivas extranjeras en la historia de Uruguay está poniendo un freno al desarrollo del proceso integrador.

Lo claro de todo de esto es que la asociación se está llevando a cabo con fines confrontativos y no se están buscando formas de cooperación que contribuyan al desarrollo conjunto de la región. Y mientras del plano verbal se siga pasando a acciones concretas, el espacio político de unos y otros para retroceder será cada vez menor.

Mayo 02, 2006

ARTICULO. Perú ¿en el umbral de una crisis?

Las elecciones presidenciales y parlamentarias realizadas en Perú, lejos de definir con claridad los horizontes de la democracia los han complejizado.

El resultado de la elección presidencial abrió paso a una segunda vuelta, cuestión plenamente normal en los países cuya institucionalidad la contempla. En este caso, participará en ella del candidato populista Ollanta Humala que llega respaldado de un importante porcentaje de votación. Un escenario posible en la segunda vuelta, es que el tercio obtenido por éste puede incrementarse con apoyos externos en cuyo caso debiera darse inicio a un proceso transformador en lo político y en lo económico que ha sido prometido por el candidato. Otro escenario probable es que Humala sea derrotado quien compite con él logra aglutinar en un frente heterogéneo a quienes no desean enfatizar coyunturas de ruptura y confrontación.

Sin embargo, un Humala perdedor pero liderando aproximadamente un 30% en un electorado disperso en una variedad de partidos políticos, no será un actor que desaparecerá de la escena política y, presumiblemente encabezara una oposición confrontacional, cuestionadora del sistema, que instrumentalizará las exclusiones sociales en un período en que, además, comenzarán a sentirse señales de desaceleración económica.

El gobierno de Toledo tuvo graves problemas políticos: inestabilidad de su coalición de apoyo; rápido deterioro de su imagen pública, graves imputaciones de corrupción que afectaron tanto a su familia como a su entorno político más próximo. Pero, ello lo compensó con una economía que daba muy buenos resultados y con una oposición que estuvo dispuesta a suscribir un pacto de gobernabilidad (el Acuerdo Nacional) y que, en caso alguno buscó el fin anticipado de su mandato. Si el nuevo gobierno tiene como opositor a Humala el panorama político no se visualiza con tanta estabilidad, ni en lo político ni en lo económico.

De otra parte, en las elecciones parlamentarias junto con evidenciarse la dispersión de la votación en una multiplicidad de partidos, ningún bloque político tiene mayoría Los tres partidos más votados son Unión por el Perú (humalistas) (20%), APRA (20%), y Unidad Nacional (15%). Además debe considerarse la contundente votación de Keiko Fujimori, de Alianza para el Futuro que logra como partido el 13,3%. Los porcentajes parlamentarios no se condicen con los resultados presidenciales dificultando aún más el logro de entendimiento entre estos dos poderes del Estado.

Si el ganador definitivo es Ollanta el problema podría tener una resolución negativa puesto que él es partidario de disolver el Congreso y convocar a una Asamblea Constituyente, lo cual equivaldría a provocar una situación de fuerza como lo hizo el fujimorato en 1992. En cambio, si Humala es opositor su bancada parlamentaria va a significar un veto permanente a los necesarios acuerdos de gobernabilidad a los que tiene que arribar un gobierno que no tendrá mayoría parlamentaria.

Con todo, la fuerza de Humala no radicará tanto en la expresión institucional de sus partidarios. De resultar ganador en mayo, se apoyará en la movilización social para deslegitimar el sistema institucional como lo hiciera Chávez a fines de la década pasada en Venezuela y para hacer los cambios radicales en la economía. De ser opositor, esas mismas movilizaciones apuntarán al gobierno (ya amenazó que Lourdes Flores no duraría un año si es elegida Presidenta), generándose un clima de gobernabilidad. Al fin de cuentas Humala no presenta como aval un credo democrático sino la invocación a un dictador militar, el general Velasco Alvarado.

De allí, que sea cual sea el resultado de la segunda vuelta, Perú entrará en una fase de umbral de crisis. Difícil es entender cómo un país con una economía que creció un 6,3% en 2005, con baja inflación, con una inversión privada del 12,5%, pueda estar en el actual escenario. La respuesta admite dos aspectos: el social, donde pese al crecimiento sostenido persiste un 52% de pobreza y el que el 66% del empleo sea informal; y el político donde desde hace largas décadas el país tiene un sistema débilmente institucionalizado, dominado por la corrupción y una clase política que gira en torno a caudillos y no de proyectos de sociedad.

* Andrés Benavente Urbina, Politólogo, Investigador Escuela de Postgrado de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales.

ARTICULO. Chile: ejes para una seguridad energética

El problema energético se ha hecho presente en Chile con singular fuerza en los últimos años, evidenciándose como una cuestión de orden estratégico con potencialidad de afectar la estrategia de desarrollo. Los aspectos más relevantes del problema son la dependencia y concentración energética, la inestabilidad política en los países proveedores de petróleo y la inseguridad jurídica derivada de la inestabilidad de las reglas del juego relacionadas con la vigencia de los contratos.

Si se mira lo mismo desde otra perspectiva, existe un riesgo de tipo físico que deriva de la escasez de los recursos naturales involucrados, donde debe incluirse tanto el agotamiento de reservas, la reducción de la producción y la disminución de la calidad de parte de la misma, cosa que ocurre con alguna producción venezolana.

Al lado, hay un riesgo político que dice relación con las inestabilidades anotadas y que en concreto comprenden temas tan variados como la crisis político militar en el golfo pérsico y la probabilidad del involucramiento iraní; los problemas sociales y de corrupción que afectan a Nigeria; la práctica de revisar los contratos en materia petrolera en Venezuela y Ecuador; y la ingerencia estatal en el incumplimiento de los contratos de exportación de gas natural en Argentina.

En conclusión, hay un riesgo económico que se relaciona con la potencialidad de climas recesivos y el incremento de las presiones inflacionarias asociadas a la reiterada alza de los precios, lo cual puede incidir negativamente en los equilibrios macroeconómicos de algunos países.

La proyección de este escenario complejo, por cierto, no es buena. El aludido incremento de los precios tiene como receptáculo inmediato el ámbito macroeconómico y desde él surgen presiones que tienen la capacidad de alterar, si se prolongan en el tiempo, el escenario de crecimiento sólido y sostenido. A partir de ello, también puede irse generando un ambiente de mayores presiones sociales cuyo factor más importante de riesgo es su potencial de inducir respuestas de tipo populista en la economía.

Frente a un escenario y sus proyecciones como el que se ha descrito, la definición de una política que apunte a una efectiva seguridad energética pasa por varios ejes.

El primero, suficientemente reiterado, es consolidar una diversificación de las fuentes de abastecimiento. En el caso de Chile, ello pasa necesariamente por potenciar el factor hidroeléctrico sin dejarse influir por las presiones de los grupos fundamentalistas ecológicos que en los años noventa tuvieron incidencia en la errática decisión gubernamental de posponer la autorización de nuevos proyectos de inversión en dicho sector para, en vez, asociar al país a una alta concentración de aprovisionamiento de gas natural argentino. Dicho error ha debido pagarse años después. Hoy cuando se han visibilizado diversos proyectos hidroeléctricos en Aysén, grupos ambientales fundamentalistas han vuelto a cobrar protagonismo esgrimiendo el mismo argumentario de la llamada “razón ecológica” que distorsiona la relación medio ambiente-desarrollo para entrabar este último aduciendo consignas ideológicas.

El segundo, de más vasto alcance, es demandar de parte del actor empresarial y de los inversores de proyectos transnacionales, de los organismos financieros y comerciales internacionales, la aplicación de efectivas sanciones a los gobiernos que sean sujetos activos en el incumplimiento de contratos de inversión, incluyendo por cierto a los de suministros. Mientras no se haga efectiva una consecuencia de ese tipo a los gobiernos que incurren en tales actitudes, éstos seguirán provocando climas de inseguridad jurídica amparándose en argumentarios que mezclan el nacionalismo y el populismo.

El tercero es que el Estado – a través del gobierno - debe garantizar precios transparentes en el sector energético que sean atractivos para los inversores, puesto que si se les restringe se va a afectar el mejoramiento y expansión de la infraestructura energética (uno de los dramas de la Argentina de Kirchner) y sin una adecuada infraestructura se daña la generación, en los casos que corresponda, el transporte y la distribución y ello termina lesionando, en última instancia, la pretendida estabilidad de precios que se ha querido preservar.

Andrés Benavente Urbina. Politólogo, Investigador de la Escuela de Postgrado de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales.

Mayo 01, 2006

Jornada Informativa "Consorcios de Exportación: Programa y Experiencias"

La jornada se realizará el día 04 de mayo del presente, a las 5:00 p.m. Se tratará la figura de los consorcios de exportación y en particular del Programa de Apoyo a Consorcios de Exportación del ICEX con la finalidad de presentar y difundir experiencias sobre este tema. Cuenta con la presencia de destacadas autoridades del mundo empresarial y del sector público.

Lugar Foment del Treball Nacional. Via Laietana 32, Bajos (sala Teléfonica Móviles). 08003 Barcelona.

Entidades Organizadoras: ORLA, Axikon, ICEX y Foment del Treball.

Para mayor información ver el programa