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ARTICULO. Lo pequeño es hermoso. Lionel Messi y las pequeñas y medianas empresas

Por Carles Murilo Fort*

La estructura de la propiedad y la organización interna de la sociedad son dos características determinantes de la configuración de la empresa. Los expertos añaden que la dimensión y el sistema de financiación constituyen otros dos rasgos más que explican las variaciones en su eficiencia y rentabilidad y, en definitiva, en sus probabilidades de éxito duradero. En muchos países, como sucede en el caso español y argentino, la predominancia de la pequeña y mediana empresa (Pyme) es absoluta, no solamente en cuanto a su número sino que también por lo que respecta a los empleos generados y a su contribución al valor añadido bruto. Se afirma también que las grandes empresas tienen mayores facilidades para alcanzar recursos externos para poder establecer estrategias de innovación y desarrollo de sus productos y de sus procesos. La especialización y la externalización de algunas de sus funciones productivas son características que suelen darse en mayor medida en las grandes corporaciones. Las Pymes tienen más constreñido su campo de actuación y estas, entre otras, son las razones que apoyan la sentencia que señala que el tamaño empresarial sí que es importante.

Cuando el analista trata de refrendar con datos estas afirmaciones se encuentra con algunas paradojas. En una primera aproximación basta con detallar que sucede con tres indicadores seleccionados: la productividad, el esfuerzo tecnológico y la presencia en mercados extranjeros. En el conjunto de la economía española resulta que la productividad de las empresas de tamaño medio, entre 50 y 500 trabajadores, no es muy distinta. Esto no contradice la afirmación de que la productividad de las empresas de más de 500 trabajadores es sensiblemente superior, del mismo modo que es inferior la de las más pequeñas.

El esfuerzo tecnológico no es un coto cerrado a las grandes empresas. Las cifras relativas a la economía española nos apuntan que la innovación no está para nada reñida con las Pymes. La especialización de muchas de las pymes españolas explica buena parte de esta conciencia innovadora. El apoyo de las administraciones públicas es otro de los elementos responsables de esta realidad.

Se puede comprobar como, para las empresas de menos de 50 trabajadores, la propensión exportadora es reducida. Se diría que el tamaño empresarial es una barrera a la exportación y al crecimiento. Pero este hecho es un espejismo si atendemos a lo que sucede con el momento en el que la empresa supera el encierro comercial e inversor y se apresta a dar el salto cualitativo (la decisión a exportar) y se empieza a manejar bien en los mercados exteriores. La propensión exportadora en las empresas españolas alcanza cifras similares para todas aquellas empresas con aproximadamente más de 50 empleados. La dimensión afecta, en este rubro, solamente a las empresas más pequeñas.

Leonel Messi es un jugador de una riqueza y talento futbolísticos fuera de toda duda. Su edad y estatura no son problema alguno para que pueda exhibir su juego de ensueño. Suple la veteranía (que ya le llegará, y con ella el momento de explotar todas sus credenciales) y su altura física (que no cambiará en demasía, por mucho que los tratamientos médicos se empeñen en modificar el ritmo natural de su crecimiento) por un encanto especial. Su notoria timidez fuera del campo la acompaña de un gran desparpajo frente a los rivales más temidos (véase si no su memorable actuación en Stanford Bridge en Londres hace solamente unas semanas en partido de Champions League con su club, el Fútbol Club Barcelona, teniendo por delante a los imbatibles blues del Chelsea o, más recientemente en partido amistoso con la albiceleste en Croacia). Ni para Messi, ni para los que confiaron en él (y en especial el cuerpo técnico, tanto de su club como del seleccionado argentino), la dimensión física es un obstáculo para crecer y desarrollarse futbolísticamente hablando.

Pero el símil de Messi no sería completo ni ajustado a la realidad si no lo acompañáramos de algunos datos complementarios de suma importancia. La empresa Marka vio en aquel pibe en Rosario un talento condicionado por su pequeña estatura. Jorge, su padre, intuyó la necesidad de una inversión en capital que, al no alcanzarla con recursos en el propio país, lo llevó hasta Barcelona. Fue allí donde, a través de un socio del padre de Lionel, se fraguó el inicio de esta carrera exitosa que hoy le permite lucir el 19 en su espalda en uno de los cuadros que practica uno de los espectáculos más bellos que hoy en día pueda atisbar el buen aficionado al fútbol. Lionel ha aprendido de manera espectacular (su curva de aprendizaje es impresionante), ha sabido absorber lo que da de si una competencia dura (ya sea en los cuadros inferiores del Barcelona y luego con el primer equipo), sabiendo esperar sus oportunidades (jugó apenas 30 minutos en la mayor parte de cada uno de los encuentros del campeonato anterior), explotó cuando convino y cautivó a propios y extraños haciéndose con el mercado de admiradores del buen hacer, que es de lo que se trata.

Como afirmaba Schumacher, uno de los ilustres pensadores de la historia de la economía, lo pequeño es hermoso. A diferencia de este autor, que incorporaba esta afirmación dentro de la utopía, me permito señalar que la realidad futbolística, como también la empresarial de las pequeñas y medianas empresas, está llena de agradables sorpresas al alcance de aquellos que sepan explotar sus condiciones con una acertada mezcla de dosis de ingenio y otras de inversión, independientemente del tamaño físico.

* Carles Murillo Fort
Director del Centro de Investigación ORLA-UPF y de la Maestría en Negocios Internacionales con Especialización en América Latina en el IDEC-UPF.

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