ARTICULO. Elecciones presidenciales en el Perú, “como en botica”
Por Gisella Chiang y Javier Coronado*
El próximo 9 de abril se celebrarán elecciones generales en el Perú cuyo resultado será un nuevo Presidente de la República y una nueva configuración parlamentaria en el Congreso por los siguientes cinco años. Esta nueva lid electoral es protagonizada por una cifra récord de 21 candidatos presidenciales en carrera y 24 listas parlamentarias, de ahí que el elector peruano tiene una variedad de propuestas “como en botica”, frase que se suele utilizar entre los criollos de Lima en referencia precisamente a una bien abastecida cantidad de alternativas.
Tres candidatos aparecen en primera fila de acuerdo a las variadas encuestas propias de estos procesos. En orden de preferencias estos son, Lourdes Flores, prácticamente empatada con Ollanta Humala, y detrás de ellos el Ex-Presidente de la República, Alan García. A estos candidatos les siguen otro Ex-Presidente, Valentín Paniagua, y Martha Chávez, con relativa presencia en el electorado, y finalmente un nutrido grupo de candidatos con escasa opción a alcanzar una posición de vanguardia. Existe una muy alta probabilidad que en primera vuelta ningún candidato alcance la mayoría absoluta requerida por la Ley Electoral para acceder directamente a la presidencia, por lo que una segunda vuelta imprime un interesante escenario para el análisis.
De derechas e izquierdas,... pero también de arriba y abajo
En sus obras, “Todas las Sangres” y “El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo”, el celebre escritor peruano José María Arguedas (1911-1969) describe su visión de la igualdad de razas, culturas y tendencias como una fórmula inagotable para establecer sociedades de carácter plural, y reivindica en pleno proceso de migración del campo a las ciudades en el Perú, la manera de dar cara a la vida que tienen los pueblos oriundos, principalmente de las serranías. El Perú en la actualidad consiste de un conjunto de visiones, grupos, comunidades e intereses de toda índole que lo hacen una envidiable fuente de recursos para el estudio de procesos sociales y políticos, como la actual carrera electoral, y que a su vez plantean el desafío de articular un “tejido social” firmemente construido en torno a un proyecto de País
Es tal vez esta realidad sumada a la pasividad que muestra la clase política peruana en la tarea de forjar una representatividad democrática auténtica, la que promueve en cierta medida el creciente número de agrupaciones políticas (no confundir con partidos políticos) que buscan llegar al poder de tanto en tanto.
De esta forma tenemos en un amplio abanico de posibilidades, fórmulas políticas tradicionales, como la representada por la derecha de Lourdes Flores, cuya agrupación Unidad Nacional corresponde a una coalición del tradicional Partido Popular Cristiano (PPC) y los movimientos conservadores Solidaridad Nacional –del actual alcalde de Lima- y Renovación. Otra alternativa tradicional corresponde a la de Alan García del trajinado Partido Aprista Peruano (PAP), cuyo discurso, históricamente ligado a las reivindicaciones sociales, sin embargo, no le permite desembarazarse del descrédito en el que cayó luego de su calamitoso paso por el gobierno con el mismo García a la cabeza (1985-1990). García se muestra como un líder de corte populista y afín a un discurso demagógico, a pesar de lo cual persigue balancear este perfil con propuestas moderadas en torno a temas sensibles como el respeto a las instituciones del mercado.
En escena, aparece por contraposición al bloque anterior el no-tradicional y novel político Ollanta Humala –coronel en retiro del Ejercito Peruano- quién se diera a conocer al comandar junto con su hermano Antauro, una insurrección de tropas en el sur del país en contra del gobierno de Fujimori a fines de 2000, cuando el desmoronamiento del régimen fujimorista era prácticamente un hecho. Humala ha puesto sobre la mesa de los electores una controvertida propuesta, denominada Nacionalista, que resucita, entre otros, discursos étnicos y sociales que fueron la bandera del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas del Perú 1968-1979, liderado por el dictador General Juan Velasco Alvarado hasta 1975. Humala, además, se ha dado a conocer públicamente como un aliado de Hugo Chávez y Evo Morales, relaciones que han empañado la campaña electoral del candidato, y que tal vez hayan frenado un ascenso más pronunciado a una clara primera posición de las preferencias.
Por su parte, Valentín Paniagua representa a Acción Popular, partido fundado por el fallecido presidente Fernando Belaunde (1980-1985), quién trata infructuosamente alcanzar mejores posiciones, mientras que Martha Chávez es la candidata de emergencia del fujimorismo, al estar el ahora detenido el Ex-Presidente Fujimori inhabilitado para postular.
Le siguen a estas candidaturas, una serie de grupos atomizados de diferentes corrientes, destacando la fragmentada izquierda peruana (por ejemplo, Concertación Descentralista y el Partido Socialista), y algunos grupos conservadores moderados donde han recalado figuras más o menos representativas del quehacer político peruano de la última década. A ellos se suman grupos a los que no se les puede catalogar fácilmente en el espectro político pues constituyen alternativas tan variopintas como inciertas.
Humala como reflejo de la clase política peruana
A nadie debe sorprender que un improvisado líder como es Humala, logre una aceptación considerable en el electorado. Humala apoya su discurso en la autocomplacencia de los partidos tradicionales y el malestar iracundo y comprensible de una apreciable proporción de peruanos marginados, precisamente con los partidos tradicionales y en general con los políticos no tan tradicionales que han gobernado el Perú en las últimas dos décadas y media, fenómeno muy parecido al que llevó a Fujimori a la presidencia en 1990. Adicionalmente, Humala al tener un discurso encontrado con las actuales estructuras de poder económico podría estar captando el voto de electores con valores de izquierda que no han encontrado en las alternativas de esta tendencia un imán lo suficientemente atrayente.
La pasividad y autocomplacencia con la que hemos caracterizado a la clase política peruana se refleja hasta cierto punto en el estado actual de las preferencias electorales, desagregadas por áreas geográficas. Por ejemplo en Lima, Flores, a quién se identifica con una continuidad de la línea económica que se soporta (casi) únicamente en el rol privado y las instituciones de mercado, obtiene alrededor del 40% de preferencias, mientras que fuera de Lima la candidata goza de un 26% de las preferencias. Por su parte, Humala, quién no ha planteado aún ningún lineamiento en materia económica salvo la intención de estatizar los recursos naturales y otras variables de producción, obtiene en Lima un 22% de respaldo y fuera de esta ciudad un 34%, algo similar a lo que ocurre con las preferencias del candidato García. Esto sugiere que la realidad de la gran capital, donde las mejoras económicas se dejan sentir sobre todo en los sectores educados de la población, contrasta con la fatiga de la población fuera de ésta respecto de las carencias económicas que no han sido atendidas muy a pesar del éxito relativo del orden económico actual .
Otro elemento importante que pone de manifiesto el sentir de la ciudadanía frente a la clase política corresponde a la alta tasa de electores que se muestra indiferente o alega no tener ninguna preferencia. Según las más recientes encuestas, este porcentaje conjuntamente con los votos blancos y nulos alcanza alrededor del 25% de los ciudadanos aptos para votar, un suculento porcentaje que sin embargo no parece tener destino aparente. Datos oficiales muestran que en las últimas tres elecciones presidenciales, excluyendo la cuestionada votación que reeligió a Fujimori por segunda vez consecutiva en 2000, el porcentaje de votos blancos y nulos en primera vuelta fue de 15.3% (1990), 17.8% (1995) y 13.6% (2001), para una media de 15.6%. Asimismo, alrededor de un tercio de los encuestados recientemente indica que podría cambiar su voto en el transcurso del período previo al día de la votación, con lo cual existe un margen de variabilidad de los resultados aún muy apreciable y difícil de asignar en forma lógica a las diferentes fuerzas contendoras.
De cara al futuro: Negociación y equilibrio
Aunque las encuestas pueden no reflejar la realidad, escondida tal vez en el carácter incierto de las preferencias de una buena proporción de los electores, es interesante figurarse un escenario político futuro basado en las tendencias actuales difundidas a través de estos trabajos estadísticos. Existe una alta probabilidad que no tengamos un ganador en primer vuelta. Dadas las circunstancias actuales, cualquiera de los tres candidatos con mayores opciones, tendrá una representatividad congresal igual o inferior al porcentaje que obtendrían en la votación para presidente en la primera vuelta, es decir alrededor de 30% como máximo.
Ello pues obliga a una necesaria y responsable negociación que asegure la gobernabilidad del Estado peruano en los próximos años. Un punto a favor de la negociación corresponde al efecto que tiene la nueva Ley Electoral que obliga a las listas al parlamento a obtener como mínimo un 4% del total de votos válidamente emitidos para ser admitidos al convite político. Se prevé que sólo cinco o seis agrupaciones superen esta valla siendo una corpulenta mayoría parlamentaria concentrada en las tres mayores fuerzas políticas hoy en carrera lo cual debería facilitar, por lo menos, la logística de los acuerdos. El mayor escollo que se tendrá que sortear en el camino a los acuerdos políticos necesarios será la inestabilidad propia de las agrupaciones que se han formado por coaliciones de movimientos y partidos, como Unidad Nacional y UPP, cuya cohesión esta vinculada más a la etapa electoral que a un proyecto programático y partidario sólido. Estos grupos tendrán que negociar hacia adentro y hacia fuera retrasando los acuerdos y posiblemente debilitándolos de cara al futuro.
En suma, lo que ocurra de aquí al 9 de abril se aprecia aun a través de un lente bastante opaco debido al alto porcentaje de indecisos y al porcentaje de individuos que podría cambiar sus preferencias inclusive en el último minuto. No obstante, la discusión no se debe centrar tanto a este nivel de cara al futuro si no en la relativa fragilidad del futuro gobierno respecto de su representatividad en el congreso, escenario no sólo factible sino a nuestro entender prácticamente descontado. ¿Se podrá forjar ahora un gobierno de “Todas las Sangres”?.
Nota: Las referencias a las preferencias electorales corresponden a la información divulgada por la prensa peruana sobre los resultados de las encuestas, principalmente la desarrollada por la empresa Apoyo Opinión y Mercados entre los días 8 y 10 de marzo de 2006, la cual tiene representatividad a nivel nacional. Los porcentajes de preferencias se calculan sobre un estimado de votos válidamente emitidos, es decir descontando los blancos, nulos e indecisos.
* Gisella Chiang es economista (2000) por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), posee una maestría en economía (2005) por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, ha trabajado en el Instituto Peruano de Economía y el Ministerio de Economía y Finanzas del Perú, y como docente en el departamento de economía de la PUCP; y Javier Coronado es economista (1997) por la Pontificia Universidad Católica del Perú, posee una maestría en ciencias económicas por la London School of Economics (2003), ha trabajado en el Instituto Peruano de Economía, el Ministerio de Economía y Finanzas del Perú, así como en diversos organismos reguladores de servicios públicos

