ARTICULO. Argentina y los Efectos de una Elección
Por: Andres Benavente Urbina*
Las elecciones legislativas argentinas trazan un claro escenario político con rasgos de continuidad y de cambio que, en su conjunto, darán contexto a una nueva etapa donde lo medular deja de ser lo político-electoral y lo económico retoma el principal rango de prioridades.
Es un factor de continuidad la mantención del liderazgo del presidente Kirchner en el proceso político, sólo que ahora tiene tras sí la legitimidad de tener un fuerte apoyo electoral que si bien es menor a lo que hubiese sido un triunfo plebiscitario, es significativamente importante por las variables que indicamos a continuación y que representan factores de cambio.
En primer lugar, el resultado electoral está mostrando al presidente como líder de una fuerza propia, el Frente para la Victoria, que apunta a ser más amplia que el Justicialismo. Esto, además, encuentra su mejor expresión simbólica en el aplastante triunfo de su esposa como senadora por Buenos Aires.
En segundo lugar, al interior del heterogéneo peronismo, el triunfo de Kirchner ha sido claro: el hecho que el duhaldismo y el menemismo hayan ocupado distantes segundos lugares allí donde eran fuertes - Buenos Aires y La Rioja respectivamente - está indicando el agotamiento de antiguos liderazgos en beneficio de la gravitación presidencial. Esta definición interna es un elemento que, fuera de toda duda, se proyectará sobre el escenario electoral presidencial de 2007. La candidatura de Kirchner a la reelección ha quedado implícitamente planteada.
En tercer lugar, si bien es cierto que bajo una lógica plebiscitaria el kirchnerismo no puede mostrar una victoria absoluta, es categórico que en un cuadro donde sus adversarios al interior del justicialismo han sido derrotados y donde la oposición aparece con votación dispersa y liderazgos precarios, los resultados lo resaltan como el único y gran ganador de la jornada electoral.
Otro factor de continuidad es la mantención del fraccionamiento de la oposición. El otrora gravitante radicalismo es una fuerza que no logra detener su caída. La centroderecha, entre tanto, sigue apareciendo con liderazgos rotativos y, por lo mismo, precarios. Es cierto que hoy debe destacarse el triunfo de Macri, como en la pasada elección presidencial fue importante la votación de López Murphy. Pero, en definitiva, lo que muestra este sector es su incapacidad de construir una alternativa propia creíble, sustentable en el tiempo y con el potencial de atraer al electorado, única forma que la alternancia en el poder pueda darse mañana más allá de un mero recambio entre peronistas.
En Argentina, una alternativa económicamente liberal no existe cabalmente. El intento más serio fue cooptado por el menemismo en la década de los sesenta. Hoy quienes aparecen como líderes del sector no son reconocidos como tales por el conjunto de su electorado potencial. Las identidades son difusas, frágiles y no pocas veces efímeras. Algunas provienen del radicalismo en demolición, otras de escisiones del peronismo, y hasta es posible divisar a alguien que no tiene mayores dificultades en mostrar un currículum siempre cambiante: guerrillera montonera, peronista, ministra del gobierno De la Rúa, etc. La variable de cambio la insinúa el liderazgo de Macri y la novedad que ofrece es provenir desde el ámbito empresarial, pero aún es prematuro dar un juicio definitivo sobre su proyección.
Sobre la base de este resultado puede proyectarse la segunda mitad de la administración Kirchner con los siguientes rasgos: reforzamiento de un estilo de gestión que le ha demostrado ser funcional hasta ahora para conseguir triunfos; fortalecimiento de la transversalidad del kirchnerismo en cuanto este es y será un elemento de presión para consolidar su liderazgo dentro del peronismo con miras a la reelección el 2007; potenciamiento político y comunicacional hacia la población de que el liderazgo presidencial posibilita la existencia de un país gobernable a diferencia del comienzo de la década.
Los problemas y desafíos de Kirchner, ahora, son de tipo económico. Ahí están la neutralización de las presiones inflacionarias para no reeditar dramáticos escenarios del pasado; producir un descenso real del desempleo más allá de la aplicación de las actuales políticas asistenciales de subsidio; enfrentar el servicio de la deuda externa más allá de los acuerdos stand by que logra con el FMI; transformar el actual crecimiento económico en uno sostenido y sustentable en el tiempo sin que éste sea la expresión de una burbuja coyuntural. Al fin de cuentas, con mérito de lo que aquí ocurra se irá construyendo el perfil de la política argentina de los próximos años.
* Politólogo, Investigador Área de Análisis del Entorno Empresarial de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales.

