ARTICULO. Bolivia: Elecciones, Economía y Gobernabilidad
Por: Andres Benavente Urbina*
A medida que se acerca la fecha de las elecciones presidenciales bolivianas el dramatismo del escenario que las seguirá se presenta inquietante. El dilema es si se avanza hacia la profundización y consolidación de un modelo populista revolucionario con el triunfo de Evo Morales o se opta por un gobierno con frágil respaldo político encabezado por el ex presidente Jorge Quiroga.
Las últimas encuestas reiteran lo que ha sido una realidad política en las últimas décadas: la gran dispersión del voto por el fraccionamiento y ahora debilitamiento del sistema de partidos que se traduce en que en unas aparezca ganando Morales y en otras Quiroga por márgenes muy estrechos, lo que en buenas cuentas significará que el Congreso Nacional deberá elegir entre las dos candidaturas más votadas, abriéndose un período de negociación. Fue lo que aconteció en las elecciones del 2002 en que el Parlamento eligió a Gonzalo Sánchez de Lozada a quien apoyó una amplia y heterogénea alianza política circunstancial que después no fue capaz de darle gobernabilidad al país.
Entonces, Evo Morales hizo explícita su voluntad antisistémica de derribar al gobierno a través de presiones sociales desbordadas, lo que terminó por cumplir en octubre de 2003. Ahora ha vuelto a señalar lo mismo. Anunció que a él le basta ganar por un voto en la elección directa y que, por lo mismo, considera la elección por el Congreso un trámite inoficioso: es en verdad un chantaje encubierto a los parlamentarios para que lo elijan bajo la tácita amenaza de generar situaciones de violencia en caso que no lo hicieran.
Si lograse triunfar Quiroga, quien tras renunciar a su partido, ha logrado ganar popularidad entre quienes desean estabilidad institucional para apuntar al necesario crecimiento económico para sacar al país del estado de crisis, lo más probable es que, junto con enfrentar la oposición rupturista y revolucionaria de Morales y de otros grupos populistas, no contaría con los instrumentos y respaldos necesarios para asegurar un escenario de gobernabilidad. Sería volver a escribir la historia que el país ha conocido desde 2002.
En la hipótesis de un triunfo de Morales, su gobierno se basaría en la radicalización de la confrontación como entorno para impulsar su programa y para neutralizar la fragilidad nominal de una elección por el Congreso Nacional. Bolivia comenzaría a transitar por un proceso revolucionario envuelto en el procesalismo democrático, al mejor estilo chavista.
La economía en un gobierno de Morales sufriría una agudización de la intervención estatal, como puede derivarse del contenido de su programa presidencial. Allí se propone construir “una nueva era estatal” con una matriz productiva propia (o sea se vuelve al fracasado Estado empresario), donde la estrategia de desarrollo estaría cimentada en una “economía solidaria, complementaria y comunitaria” (nuevamente aflora la similitud con la Venezuela chavista), donde el Estado tendría el control absoluto del excedente económico.
La economía apuntará fundamentalmente al mercado interno; lejos del libre comercio, se adoptará una política de “sustitución selectiva de importaciones” y habrá una recomposición de la propiedad ya no sólo en el área minera, sino en todo lo relativo a los recursos naturales renovables y no renovables. En materia de hidrocarburos se procederá a la “nacionalización efectiva”, donde el Estado, sin concesionarios, definirá a quien vender y las condiciones de ello.
El modelo de Evo Morales, autodenominado “revolución democrática desconolizadora”, tendrá como eje político a los movimientos sociales. Ciertamente a los radicalizados que han protagonizado los rupturismos de los últimos años, que ahora pasarán a sustentar un segundo populismo revolucionario gobernante.
Bolivia se apresta a vivir una elección dramática que antecederá a escenarios confrontacionales, lo que no hace sino profundizar una prolongada crisis que comienza con la deslegitimación de los actores políticos tradicionales. En este sentido, la actual administración interina del presidente Rodríguez será un efímero y precario paréntesis de gobernabilidad. Ciertamente, estamos ante una expresión más de la fragilidad de la democracia en nuestra región.
* Politólogo, Investigador Área de Análisis del Entorno Empresarial de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales.

